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El trasfondo del fondo en crisis de relaciones con EU
+ México-EU: autoincomprensión
+ A despresidencializar agendas
Washington, D.C., 12 de noviembre de 2012 (Quadratín).- A lo largo de los cuatro años del primer gobierno de Barack Obama, las relaciones de México con los Estados Unidos no pasaron por los medios. Sin embargo, fue una de las mejores etapas bilaterales porque se resolvieron temas de fondo.
El estilo personal de gobernar de Obama en la relación bilateral ha desdramatizado el papel dominante de Washington. A los EU, por ejemplo, ya no les interesa mantener a los gobiernos latinoamericanos subordinados a un modelo político –el capitalismo–, por lo que Venezuela, Cuba y algunos afines pueden decidir el socialismo sin que la CIA organice algún golpe de Estado y pueden acercarse a Irán y a China sin temer represalias.
Sin embargo, los países latinoamericanos parecen estar lejos de entender las cosas porque se la han pasado tratando de que Obama los atienda. El objetivo de la política de exterior latinoamericana de Obama se basa en contribuir a la modernización económica y productiva de la región y por eso le ha otorgado más atención a los tratados comerciales que a los convenios políticos.
De ahí que la próxima visita del presidente electo Enrique Peña Nieto a Washington para un encuentro formal con el presidente Obama a punto de iniciar su segundo periodo sea la oportunidad para eludir los estilos de la subordinación. Obama está tratando de deshacerse de algunos lastres diplomáticos para concentrarse sólo en los que tienen que ver con la seguridad estratégica de los EU y con el crecimiento económico que estimule la producción estadunidense.
En este contexto, los temas centrales del cruce de las agendas estadunidense y latinoamericanas están cada vez menos dominados por la tensión del conflicto y más por la de la asociación. Este nuevo escenario obligaría al gobierno de Peña Nieto a replantear el viejo estilo de relación bilateral tensada por el conflicto histórico basado en el juego dominación/resistencia para pasar a la etapa de conseguir más concesiones comerciales para reimpulsar el crecimiento económico mexicano.
Los dos temas vitales en las relaciones México-EU son drogas y migración. El tema conflictivo las drogas tiene dos variantes: el consumo de droga que estimula el contrabando y que podría entrar en una nueva dinámica con la legalización del consumo recreativo de la marihuana y la penetración de los cárteles de la droga en el territorio estadunidense. En el primer tema habrá siempre diferencias por el perfil de las sociedades de los EU y de México –la primera en proceso de decadencia y degradación y la mexicana padeciendo el daño por el consumo– y en el segundo tema la responsabilidad total es de los EU que permitieron la entrada y el lavado de narcodólares.
El tema de la migración en los EU es interno: legalizar indocumentados, disminuir el racismo y crear nuevas condiciones laborales. El alto componente hispano en las dos elecciones de Obama le plantea un compromiso político ineludible, aunque con restricciones por lo apretado de su segunda elección y la polarización racial que ha comenzado a dominar en los EU por la agenda republicana. México sólo puede insistirle a Obama en el tema migratorio, pero la solución es estadunidense, tiene la voluntad de Obama pero no ha podido meterse en la agenda republicana.
A diferencia del pasado, hoy México ya no necesita en beneplácito del gobierno de los EU, cuando menos en los dos periodos de Obama. De ahí las dos nuevas características que deben tener las relaciones: la autocomprensión de que los tiempos han cambiado, que EU no quiere engullirse más territorio mexicano y que Washington no va a cargar con los problemas mexicanos y la despresidencialización de las relaciones para no hacerlas depender de los contactos a alto nivel.
Esta nueva característica de las relaciones en los años de Obama –luego del trauma por el resentimiento de Bush hacia Fox por Irak– hasta ahora no ha sido del todo entendida por las élites mexicanas de funcionarios, diplomáticos, empresarios y sobre todo partidos políticos. En estos cuatro años el interés mexicano sobre la situación política estadunidense fue nulo, ni hubo enviados de partidos a las convenciones ni a las elecciones; esas élites se han movido en el viejo esquema de la dependencia.
La política exterior de México hacia los EU debe salirse del modelo añejo de la subordinación. En todo caso, en materia de seguridad México debiera ser más exigente e ir mucho más allá de la Iniciativa Mérida porque ahora más que nunca el problema es de los Estados Unidos por la demanda y la presencia física de los cárteles en su territorio en los mercados urbanos de venta de droga al menudeo. El liberalismo con el que Washington asumió el tema de la droga –un asunto de derechos– ahora se le comienza a revertir con la penetración de los cárteles en la vida cotidiana, apenas con el control de mercados y pronto, señalan algunos analistas, con su violencia. Por lo pronto, Los Zetas ya penetraron en el mundo de la televisión por su inclusión como tema en series policiacas y criminales.
Del lado mexicano debería venir también una mayor profesionalización de la política exterior para entender que los EU no van a solucionar los problemas mexicanos porque son incapaces de resolver los propios. Y el punto clave vendrá en tema de la droga: en los EU avanza su uso recreativo –o de evasión–, sin importar efectos sino como ejercicio de derechos individuales como la posesión de armas, en tanto que en México es un asunto grave de violencia y seguridad interior.
La visita del presidente electo peña Nieto podría ser la oportunidad para estrenar un discurso en que México se asuma ya sin depender de los EU y en una relación pareja de tú a tú.
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Foto:Ambientación