
Reforma de maíz transgénico: ¿camino a soberanía alimentaria de México?
+ Democracia: ¿la hicieron mal?
+ AMLO: participa para ganar-ganar
México, D.F. 5 de agosto 2012 (Quadratín).- Si la protesta poselectoral se dio en un escenario democrático:
La reforma del 2007-2008 la hizo el PRD.
Ganó el PRI en un gobierno federal del PAN.
Los órganos electorales están ciudadanizados y el gobierno no mete las manos.
Las elecciones las vigilaron dos millones de ciudadanos.
Las elecciones deben acreditarse al más estridente, no al resultado de las urnas.
Entonces:
Los mexicanos no tenemos remedio.
Los políticos no juegan para competir sino para ganar-ganar.
Las masas son enardecidas por los políticos derrotados y se convierten en turbamultas.
Quiere ganar el más estridente, no el más democrático.
Nos merecemos lo que pasa porque carecemos de cultura política democrática.
Y el problema radica en que:
Los mexicanos no son demócratas sino convenencieros.
La política es de quien la arrebate, no de quien la gane en las urnas.
Las reformas son procedimentales, no de concientización democrática.
La política es de hombres providenciales, no de políticos en competencia.
La democracia es la victoria, no el reconocimiento de la derrota.
Por tanto:
La derrota es de quien la acepte, y basta no aceptarla para cambiar el signo del recuento de los votos.
La política es capricho, no reconocimiento de la realidad.
No habrá reforma electoral eficaz ante políticos que simple y sencillamente no aceptan la derrota.
Más que procesos electorales cada vez más democráticos, lo que vale en México es la estrategia de poder.
Los procesos electorales no sirven para fijar las posiciones políticas de líderes, corrientes o partidos, sino para justificar cohesiones poselectorales.
Los políticos acuden a las elecciones:
No para medir su aceptación social sino para incrustarse en los espacios del poder.
Como el escalón indispensable para llegar a posiciones políticas.
Para ganar-ganar, no para ofertar ideas y aceptar el mandato de los electores.
Sin aceptar que los procesos electorales son el mandato popular a través de los votos.
Con la desconfianza de que no existe sistema electoral perfecto y su derrota se podrá disfrazar de estridencia de fraude.
Por tanto:
¿No sería mejor desaparecer el sistema de elecciones y establecer periodos cortos de alternancia en el poder presidencial por designación y sin elecciones: dos años el PRI, dos años el PRD y dos años el PAN, y todos felices?
OTRA VEZ
CONFLICTO POSELECTORAL
Si se quieren entender las razones del segundo conflicto poselectoral de López Obrador, las claves se encuentran en las elecciones del 2006, la protesta callejera y la reforma electoral 2007-2008.
Pero sobre, todo comprender cuando menos tres hechos fundamentales:
1.- López Obrador no compite para respetar el resultado oficial, sino para ganar-ganar.
2.- El PRD participó directamente en la reforma de 2007-2008, pero ahora se salta las trancas para negociar fuera de la ley.
3.- Nadie le amarró las manos al PRI, por lo que el PRI simplemente operó política y electoralmente sobre los márgenes no penalizados del sistema electoral.
El PRD tuvo la gran oportunidad de rediseñar el sistema electoral pero se fue por el castigo al IFE y a Televisa quitándole la contratación de spots. Y peor aún, la opinión pública se enteró en el 2005 del presunto plan del gobernador del Estado de México con Televisa para promover su imagen en tiempos no electorales, y nada incluyó en la ley.
De ahí que la impugnación de López Obrador y el PRD se base en hechos políticos y no legales. Y además, el PRD quiere aislar la elección presidencial de las demás elecciones y por ello pide sólo la anulación de la votación presidencial y no las legislativas y locales que se realizaron en las mismas casillas y con los mismos funcionarios electorales.
En el fondo, López Obrador se rehúsa a reconocer su derrota. En el 2006 hizo lo mismo que hoy, aunque con una desventaja electoral de medio punto porcentual y hoy es de casi 7 puntos.
El verdadero debate poselectoral, además del proceso legal para calificar las elecciones presidenciales, legislativas y locales, se va a dar en función de si se respetan o no las leyes electorales o de nueva cuenta se quiere resolver el conflicto con movilizaciones callejeras. Con maña, López Obrador sigue el cauce legal pero ya soltó a sus grupos en las calles para bloquear a Televisa y a tiendas de autoservicio.
Lo que viene es, nuevamente, hacer girar la política alrededor de López Obrador: ya pidió la anulación de las elecciones presidenciales, ya planteó la designación de un presidente interino; y como no le van a conceder sus deseos, entonces de nueva cuenta el movimiento lopezobradorista se saldrá del espacio institucional para resolver todo con marchas callejeras.
Lo que falta por saber es si el PRD, como en el 2006, va a acompañar a López Obrador en otra aventura fuera del espacio institucional. El fondo del problema radica en saber si López Obrador y el PRD van a aceptar las reglas institucionales gane quien gane o sólo si ellos ganan.
www.grupotransición.com
[email protected]
@carlosramirezh