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México no se arrodilla ante EU, ya está postrado ante el narco
+ PRI: las ventajas del 2013
+ Agendas, fortaleza y debilidad
México, DF. 13 de enero de 2013 (Quadratín).- A pesar de una especie de atmósfera de nostalgia que invadió los espacios críticos con el regreso del PRI a Palacio Nacional, la luna de miel podría durar menos tiempo del esperado. En los círculos del poder del gobierno de Enrique Peña Nieto no dejaron de sorprenderse por la falta de profundidad crítica sobre el nuevo sexenio priísta, sobre todo porque esperaban un gran debate en torno a la restauración del viejo régimen.
El Pacto por México, la movilidad presidencial y el grupo compacto que se hizo cargo del gobierno encontró un ambiente crítico bastante negativo hacia el PAN; inclusive, algunos sectores que profundizaron su crítica en el 2000 y ayudaron a la derrota del PRI se han visto tolerantes y hasta perceptivos sobre el PRI. Un dato no ha dejado de llamar la atención en Los Pinos: la dinámica criminal de la inseguridad no ha modificado su ritmo de violencia pero en ninguno de los medios se refieren a los muertos de Peña Nieto como antes lo hacían con los muertos de Calderón.
Más que un bono democrático, el PRI se ha encontrado con una estrategia del beneficio de la duda. Las expectativas sobre el funcionamiento del PRI en el gobierno federal son correlativas a las decepciones de los sectores militantes y críticos que fueron abandonados a su suerte a lo largo de doce años, porque los panistas carecían de interés por hablar con grupos de poder. No con la intensidad del pasado, pero ha comenzado a ser restaurado el diálogo político de funcionarios con sectores de poder, sobre todo de la opinión pública.
El inicio de gobierno de Peña Nieto podría explicarse con algunas similitudes con el de Carlos Salinas de Gortari en diciembre de 1988 y todo el año de 1989, aunque Salinas con el peso de la protesta por las elecciones mayor a las esgrimidas contra las votaciones de julio del 2012. Peña Nieto tomó la iniciativa política y marcó los rumbos, los priístas han reiniciado relaciones con los grupos de poder y el gobierno salió del aislamiento en el que se quedaron por decisión propia Vicente Fox y Felipe Calderón. En política mexicana, la iniciativa política es iniciativa de poder. Y a ello ha contribuido la decisión estratégica de alcances mayores del Pacto por México –un acuerdo de agendas legislativas limitadas– no tanto por los puntos concretos sino porque el PRI logró meter en la legalidad al PAN ya fuera del poder y dividido y al PRD profundamente fracturado por la huida de López Obrador hacia su propio partido pero fracturando peligrosamente a la coalición neopopulista. Con el PRD y el PAN en los mismos acuerdos del PRI, el priísmo en el poder creó un espacio de movilidad limitado para la oposición.
De acuerdo con las expectativas, el PRI tendría cuando menos tres agendas básicas:
1.- La de seguridad.
2.- La de empleo.
3.- La electoral.
En la agenda de seguridad, el gobierno de Peña Nieto logró un consenso que nunca se preocupó en buscar Calderón en 2007 cuando inició la ofensiva contra el crimen organizado. Ciertamente, el nuevo gobierno priísta aprovechó las lecciones de los errores del panismo, creó un mando único y fuerte, centralizó el tema en la cartera política de Gobernación y dialogó antes con los sectores. Pero el arranque necesita de resultados en el corto plazo, porque la dinámica de la criminalidad ha seguido su curso. El punto clave de la seguridad radica en la urgencia de reorganización de los cuerpos de seguridad estatales para que ellos se hagan cargo de sus estados. Si no hay avances en seis meses, el saldo de asesinatos diarios comenzará a pesarle al gobierno de Peña Nieto.
La agenda económica necesita de decisiones de inversión para repuntar el empleo. El presupuesto federal y la estabilidad macroeconómica ayudan a aumentar la tendencia de la economía, pero la urgencia radica en las reformas estructurales para romper los cuellos de botella del crecimiento que limitan el ritmo anual a tasas menores a 3.5% anual. La lección salinista fue la apertura comercial como decisión de control de la inflación; ahora la política antiinflacionaria requiere de mayores libertades económicas internas, sobre todo en infraestructura, mano de obra e inversión. La meta bianual del gobierno de Peña Nieto debería ser una tasa de 4% anual del PIB para 2013-2014. Y ello exige cuando menos tres reformas estructurales: el campo, el petróleo y el fisco.
El desafío electoral del PRI no será tan importante en el 2013 porque sólo habrá una gubernatura en disputa, la de Baja California, y ahí el PRI tiene mejores expectativas que el PAN. Hay que recordar que esa gubernatura en 1989 fue la primera concertacesión de Salinas para obtener el apoyo del PAN. Y en elecciones legislativas locales y municipales, el PRI tiene enfrente la posibilidad de recuperar espacios en los tres estados perdidos por alianzas opositores: Oaxaca, Puebla y Sinaloa. De hecho, la maquinaria del PRI volverá a ponerse en operación con miras a las legislativas federales de medio sexenio, en el 2015.
El gobierno de Peña Nieto y el PRI tienen a su favor el clima de disminución de la crítica al poder. Como que buena parte de la ciudadanía se hartó demasiado pronto de doce años del PAN, luego de que al PRI le negó el voto luego de setenta y un años de gestión. De ahí que el PRI tiene poco tiempo, quizá los primeros seis meses del 2013, para ofrecer resultados concretos en empleo y seguridad, si no quiere que las críticas comiencen a minar su credibilidad.
A favor del PRI también opera la disminución del activismo de la oposición del PAN y el PRD, ahora bajo control político en el Pacto por México. La habilidad de los operadores políticos del gobierno priísta se vieron con el acercamiento de Luis Videgaray, secretario de Hacienda y brazo derecho de Peña Nieto, con la senadora perredista Dolores Padierna. A ello contribuyó el hecho de que López Obrador ha desdeñado a los seguidores de René Bejarano y éstos han preferido por ahora quedarse en el PRD que hundirse en la militancia controlada del MRN del tabasqueño.
El arranque del PRI en su segunda fase en el poder ha sido menos crítico de los que apostaban a la restauración. Pero como ocurre en la política mexicana, se necesitan resultados de corto plazo en empleo y seguridad o comenzarán las críticas.
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