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México no se arrodilla ante EU, ya está postrado ante el narco
A María Elisa
Oaxaca, Oax. 7 de diciembre de 2012 (Quadratín).-Las buganvilias son la pasión en nuestras calles. Crecen así, como el monte, nadie las planta y nadie recuerda echarles agua. Un día desde un espacio minúsculo de nuestra calle se levanta para fijar con sus tonos violentos la luz del día. El diccionario la define como un arbusto que trajo a nuestras tierras un francés hace mucho tiempo.
En el mes de diciembre, por Navidad, envié a unos amigos radicados en otras ciudades una carpeta conteniendo una selección de poemas. A vuelta de correo me respondieron para agradecerme el envío. Por cierto preguntaron, ¿qué papel utilizaste para imprimir los poemas? Les respondí que un grupo de personas, encabezados por el maestro pintor Francisco Toledo, se organizó para iniciar los trabajos de una fábrica de papel donde integran fibras naturales en la manufactura del producto. Por supuesto, el papel que había utilizado tenía como base la flor de la buganvilia.
En los patios del IAGO un grupo de mujeres se encarga de desmenuzar la flor de la buganvilia que cae de los árboles durante el día. Flor sobre flor, las manos de las mujeres de los Valles Centrales transitan por los pliegues de la buganvilia. Acto de amor de estas mujeres abrir a la luz lo que fue cubierto por la naturaleza. Acto de pasión; esta es la materia prima para elaborar un determinado tipo de papel donde luego navegarán imágenes de los pintores, o poemas:
Flor mar,/ Flor navío en el océano de imágenes./Flor buque trasatlántico que navega a otras tierras./Flor vigía, pequeña Rodrigo de Triana que nos avista. /Flor que nos lleva y que nos trae. /Flor que nos guarda. /Flor papel donde escribe el viento nuestra historia /Flor faro que alumbra en las calles de la ciudad a los enamorados.
En algunas poblaciones de la costa la buganvilia florece en los meses de octubre y noviembre, cuando los calores descienden. En las comunidades pesqueras más pequeñas estas flores resulta ser el único adorno en los caminos polvorientos y olvidados. Las jóvenes mujeres adornan sus cabellos con las flores, y es como si el camino del pueblo anduviera en la cabeza de esas morenas hermosas.
Aquí en nuestra ciudad, las mujeres son las encargadas de sembrar buganvilias en patios y jardines, andadores y aceras. No existe una imagen de mayor entrega que ver a una mujer arrodillada frente a un árbol de buganvilia. Pasión con pasión. Después ellas se quejarán que pasan el día entre el recogedor y la escoba, levantando las flores que la buganvilia deposita en el jardín. Pero serán ellas mismas quienes puntualmente entreguen su cubo de agua y pasen las tijeras de podar. Pasión con pasión en esta nuestra tierra de indiferencias.
En sus tonos magenta, naranja, solferino y blanco, la buganvilia nos entrega su pasión por nuestras calles, nuestras manos. Habita la miseria del paisaje en su amor por nosotros y todos los días nos entrega, en el miserable o encumbrada calle,, el trabajo de sus hojas.