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Almuzara Libros México, presente en la FIL de Palacio de Minería
Oaxaca, Oax. 16 de febrero de 2013 (Quadratín).- La Ciudad de Oaxaca guarda celosa sus costumbres y tradiciones en especial en esta temporada de la Semana Mayor o Semana Santa, donde el culto a la religiosidad y los eventos solemnes cobran vida por todos los rincones.
En torno a estas actividades de la Cuaresma florecen los Viernes de El Llano, una tradición de antaño que hasta hoy continua celebrándose y en la cual se rinde homenaje a la belleza de la mujer oaxaqueña y se conjugan el entusiasmo de los jóvenes, la música y la picardía de los piropos y versos.
Esta alegre convivencia matinal se lleva a cabo en El Paseo Juárez El Llano, lugar donde se reúnen las estudiantes de preparatoria y carreras profesionales y a quienes los muchachos regalan ramos de claveles, rosas o algunas otras flores que adquieren en los improvisados puestos instalados en ambos lados del jardín. Mientras, ellas caminan en círculo, eligiéndose como madrina a la joven que más flores reciba.
De tiempos inmemoriables
Según el historiador Andrés Portillo en su obra Oaxaca en el Centenario de la Independencia Nacional, 1910 esta tradición de los Viernes de Cuaresma inició en el templo de San Matías Jalatlaco, un edificio que data del siglo XVI, donde se rinde culto a Jesús Nazareno.
El investigador señala que desde tiempo inmemorial, los devotos solían reunirse cada Viernes de Cuaresma para practicar el Vía Crusis, ceremonia que tenía lugar muy de mañana, para contar con una mayor asistencia de los vecinos trabajadores que en dicho barrio se distinguían por dedicarse a la curtiduría.
Después del Vía Crusis, los vecinos iban a saborear los antojitos que se vendían en torno al templo, donde también se ofrecían claveles, rosas, alhelíes y otros aromas cortadas de madrugada en los jardines de Xochimilco, de la Trinidad y de Cuatro Caminos y que los jóvenes enamorados obsequiaban junto con recados y poemas de amor a las señoritas que asistían los viernes a los oficios religiosos de Cuaresma, burlando la severa vigilancia de los celosos padres.
Por aquellas épocas, según cuenta la maestra y decana del periodismo doña Arcelia Yañiz, era tan estricta la educación de los padres con las hijas que muchas jovencitas de sociedad optaban por dejar los voluminosos ramos de flores en algún templo en lugar de llevarlos a sus casas.
El escritor Antonio Morales Sánchez, en su texto La Cuaresma en Oaxaca, describe los Viernes del Llano como mañanas primaverales y dias de luz, color, alegría, flores y belleza. Esta costumbre de nuestros abuelos de salir muy de mañana los viernes de cuaresma a pasear a El Llano después de acudir a la iglesia, fue el pretexto magnífico para admirar y galantear a nuestras abuelas, señala.
En el libro Así era Oaxaca, Gloria Larumbe Reimer cuenta que como signo de galantería, se obsequiaban también pequeños ramos de flores como violetas, pensamientos y nomeolvides, armados con plantas de ortiga, llamados pegagosos, a la dama elagida, quien la pegaba a su pecho y se paseaba muy oronda con aquel bouquet.
Hoy como antes y gracias a que la tradición se resucitó por los estudiantes del glorioso Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca, viernes a viernes se sigue practicando bajo el amparo de los añosos y frondosos laureles y el trino de las aves mientras la Marimba, la Banda de Música del Estado o alguna rondalla de la Universidad interpreta alegres melodías y el parque se va llenando de la alegría y júbilo de los estudiantes.
Foto: Jerónimo