Ciudad de México, 11 de noviembre de 2019.- El ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, coordinador nacional del Movimiento por el rescate de México, escribió una misiva al presidente Andrés Manuel López Obrador en el que hace la siguiente reflexión:

En unos días más se habrá de aprobar el presupuesto de egresos de la federación para el 2020. En el proyecto de presupuesto destacan dos aspectos que nos deben mover a la reflexión: 1. La enorme cantidad de recursos que se destinan a las transferencias monetarias directas hacia la población que contrasta con la casi inexistencia de fondos para fomentar el emprendimiento, como lo es la capacitación, el impulso a la organización productiva y el financiamiento a micro y medianas empresas.

El asistencialismo es visto en su gobierno igual que en las décadas recientes, como mecanismo electoral.

A partir de la conformación de nuevos padrones, ahora a través de los “Servidores de la Nación”, que no son otra cosa que los operadores en territorio de MORENA, se percibe el objetivo de consolidar a su partido político. ¿Terminar con la pobreza? Sólo es materia de discurso. En los hechos, la economía se ha estancado y con ello la creación de empleos; los apoyos a los agricultores, sobre todo a los pequeños productores y a aquellos de autoconsumo, desaparecieron.

En materia de salud, los hechos hablan por sí mismos; escasean los medicamentos y desaparece Oportunidades con su componente de salud.

Las madres con hijos entre tres y seis años, que tenían en las Estancias Infantiles la posibilidad de dejar a sus hijos al cuidado de personal capacitado y en condiciones de seguridad, hoy no cuentan con esos espacios.

Todo lo señalado y más, con la única finalidad de preparar el camino hacia un proyecto político de largo plazo. Mientras, prácticamente todos sus “adversarios” (como acostumbra llamarlos usted), se encuentran inmersos en el más cómplice y profundo de los silencios.

2. La carrera hacia la centralización de facultades y recursos hacia el gobierno federal, en sentido contrario a la demanda de construir un verdadero federalismo que había rendido apenas escasos resultados desde finales del siglo pasado.

La corrupción en el manejo de los recursos, las economías de escala, la falta de capacidades en estados y municipios, son la justificación de la nueva ola centralista.

Ante esta situación es necesario insistir ante usted, en el urgente replanteamiento de la política de desarrollo social para ir dejando progresivamente el asistencialismo y generando capacidades,  empoderando a la población vulnerable para que puedan por sí mismos salir adelante y acabar con el círculo perverso de “quien nace pobre habrá de morir pobre”.

En el terreno de los recursos de TODOS los mexicanos, tanto de sus seguidores como de sus “adversarios”, es urgente revisar la Ley de Coordinación Fiscal, para fomentar la posibilidad de que las entidades federativas recauden impuestos, lo que sólo se logrará si se establecen mecanismos para que los mexicanos no vean incrementada su tributación reduciendo el impuesto federal en la proporción que resulte de la imposición de los impuestos estatales.

Al mismo tiempo hay que revisar el Pacto Federal para clarificar las facultades y obligaciones de cada orden de gobierno y a partir de ahí establecer una mejor distribución de los recursos, considerando, desde luego, la existencia de mecanismos compensatorios que fortalezcan a los estados más pobres para que se logre un país más justo.

Al argumento de la corrupción se debe oponer una mayor reglamentación y una vigilancia estrecha hacia estados y municipios, pero no reducir los recursos que estos reciben por aportaciones y participaciones.

Basta escuchar a todos los alcaldes exigiendo más recursos para poder atender de manera eficiente las obligaciones que la Ley les impone pero que la federación les niega.

Señor presidente, usted debe gobernar para sus seguidores, pero también para sus “adversarios”.

La premisa debe ser fortalecer al federalismo y no destruirlo. Somos 125 millones de personas las que habitamos este territorio y todos deseamos el progreso de México. Se trata de que la sociedad sea más igualitaria en la prosperidad, no en la desgracia, por ello le pedimos considere junto con sus legisladores, los recursos que necesitan entidades y municipios para el desarrollo social, para la seguridad pública y el fortalecimiento de fondos como el Fondo Minero o los fondos para el desarrollo regional, que pueden convertirse en herramientas importantes para abatir los desequilibrios entre entidades desarrolladas y aquellas que se encuentran con elevados índices de pobreza.

Revise sus prioridades, señor presidente. La infraestructura de comunicaciones es fundamental para el crecimiento, pero hay temas más urgentes que el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas.

Ya hemos señalado que la construcción de una autopista costera desde Michoacán hasta Chiapas traería enormes beneficios a los estados que cruza, todos ellos con elevada marginación, pero con riquezas turísticas y arqueológicas que resultarían atractivas para el turismo; a la vez que enfrenta problemas de cultivo de drogas y delincuencia propiciadas por las dificultades de comunicación que enfrentan.

A grandes problemas, grandes remedios. No permita que el municipio, base de la sociedad, se siga deteriorando por falta de recursos. Es en los municipios donde se conocen mejor los problemas y las necesidades y por lo tanto se pueden diseñar mejores soluciones que las que supone cualquier funcionario desde la comodidad de su escritorio. Pero los municipios necesitan recursos para participar en las decisiones que les atañen.

Legisladores: no desdeñemos a ningún orden de gobierno, desde el municipio, los gobiernos estatal y federal, cada uno, tiene obligaciones constitucionales y a todos les es insuficiente el presupuesto.

Pero de todos ellos, el municipio es el más frágil y el que menos recursos recibe y, por desgracia, al que menos se le toma en cuenta. Si no hacemos esfuerzos por revertir esta situación, difícilmente avanzará México en el combate a la inseguridad, al abatimiento a la pobreza y la disminución de la desigualdad regional.

En otro orden de ideas, la designación de Rosario Piedra Ibarra como titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos confirma las intenciones de convertir a los organismos autónomos como instrumentos del poder ejecutivo. Años de luchas de la sociedad mexicana, incluidas muchas de las que usted encabezó, desparecen ante el evidente retroceso. Nadie podría cuestionar la capacidad y preparación de la señora Piedra, pero su cercanía y conocida militancia no garantizan su imparcialidad ante el poder ejecutivo.

Y, como ya lo ha anunciado el gobierno federal, seguirán con el INE y con el Poder Judicial, donde ya han comenzado con la incorporación de ministros como la esposa de su constructor preferido. La posibilidad de hacerlo descansa en la mayoría que disfruta en el poder legislativo a través de sus propios diputados y senadores y la complicidad de los de otros partidos, a los que les queda grande el adjetivo de “oposición”.

La aprobación de la ley de revocación de mandato abre una oportunidad de acortar su administración, señor presidente. No se equivoque, aún quienes votaron por usted estarán deseosos de que así sea si las cosas no mejoran en el país.