
Ilustra Melissa Pérez Segnini colección Cómoda de Pro Femme
Charlas con mi hija
“Especialista en niños”
(Parte 2)
—Mira, Cristi, vamos a ahondar un poquito más en los educadores. Comenzaré por decirte que la escuela es el primer “empleo” del niño; es un espejo que refleja en las personas cómo son: “capaces o incapaces” frente a los deberes y tareas de la vida. Sus resultados califican a la persona como un éxito o un fracaso.
Si el estudio es difícil y pesado para un estudiante y obtiene malas calificaciones, es porque él no puede hacerlo bien. Las recriminaciones de sus padres, las actitudes de sus maestros, las burlas de sus compañeros y sus propias conclusiones van creando en el estudiante las ideas de que no puede, que no es capaz, que no es inteligente, que no vale mucho, que es menos que otros, que no merece, etcétera.
Naturalmente siente frustración, impotencia, miedo a fracasar, tristeza y autodesprecio. Estos son precisamente los componentes de la autoimagen y autoestima negativos, los cuales crean en la persona la actitud pesimista de un perdedor.
Por otro lado, cuando el estudiante comprende bien, saca buenas calificaciones y encuentra el estudio fácil; cuando recibe la aprobación y el elogio de sus padres, maestros y compañeros, entonces todo le dice que sí es capaz, que es inteligente y que vale.
Se siente muy bien acerca de sí mismo y de la vida. Desarrolla una actitud optimista, de poder y de confianza no solo en la escuela, sino también ante cualquier situación. Incrementa una actitud de triunfador que lo apoyará hacia el éxito a través de toda su vida.
Como puedes ver, la experiencia del estudiante en la escuela es de suma importancia en la formación de su autoimagen, autoestima, autoconfianza, personalidad y sus actitudes de triunfador o perdedor.
—Mami, yo quiero ser un triunfador en la vida; voy a estudiar.
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