
Llevarán autobuses a visitantes a campos de cempasúchil en Oaxaca
Punto de quiebre
“Los extremos se tocan”
El alarmante aumento de la violencia en todo el mundo es innegable. La caída del gobierno en Nepal con inmolaciones incluidas, las imágenes de París entre incendios y protestas del movimiento Bloquons tout (“Bloqueemos todo”), y el impactante video en la Universidad de Utah, Estados Unidos, donde un francotirador le arrebató la vida al reconocido conferencista aliado del gobierno del presidente Trump Charlie Kirk, son solo algunas señales de un fenómeno preocupante. A esto se suma la imponente marcha en Londres, con más de 100,000 personas convocadas por el movimiento antiinmigración Unir al Reino, aunque es pertinente aclarar no violentas. Todos estos hechos ocurrieron la semana pasada. Una muestra clara de que el mundo está cambiando violentamente, en una colisión de bloques ideológicos sin tregua y con visiones radicalmente opuestas.
Desde mi perspectiva, cualquier idea debe poder debatirse, con una sola excepción: la violencia. Y al hablar de violencia, no solo me refiero a la física, sino también a la ejercida desde el lenguaje, la discriminación y, en su forma más extrema, la que termina como en el caso de Charlie Kirk con la vida misma. Podemos estar o no de acuerdo con sus ideas; sin embargo, la pluralidad nos ha enseñado que la madurez de una sociedad se mide por su capacidad de tolerancia y su disposición al debate, no por su inclinación al odio o la agresión.
La teoría de la herradura, tradicionalmente enmarcada en la ciencia política, plantea que, mientras más se alejan dos posturas opuestas del centro, paradójicamente, más cosas comienzan a tener en común. Ese fenómeno lo estamos viviendo, cada vez con mayor claridad, en distintas partes del mundo.
La violencia, en cualquiera de sus formas, debe ser condenada. No aporta nada al debate sobre los problemas nacionales, locales o globales. Despresurizar las posturas radicales es una tarea que nos corresponde a todos: familias, escuelas, centros de trabajo, medios de comunicación y líderes de opinión.
Porque la violencia insisto, en todas sus expresiones, es el verdadero enemigo de las sociedades. Las ideas radicalizadas terminan siendo el germen de nuevas violencias.
El senador colombiano Miguel Uribe Turbay y Charlie Kirk son víctimas de este fenómeno.
México no está ajeno a esta realidad. El reciente episodio en un programa de alcance nacional, donde comentaristas ideologizados justificaron la violencia contra Charlie kirk hecho que motivó una disculpa pública posterior, con renuncia incluida, es un claro ejemplo de que este fenómeno no nos es ajeno. Y es precisamente esa normalización del discurso violento la que debemos combatir desde ahora, antes de que también aquí se cobre una vida.