
Los obispos y la Cristiada
OAXACA, Oax. 13 de marzo de 2026.- Las calles de Oaxaca volvieron a llenarse de flores, jarros de barro y sabores tradicionales durante la celebración de La Samaritana, una de las tradiciones más queridas de la Cuaresma en la ciudad.
Desde temprano, familias, parroquias y grupos comunitarios colocaron mesas adornadas con bugambilias, papel picado y cántaros para ofrecer aguas frescas a quienes caminaban por los templos y atrios.
Vestidas con blusas bordadas y listones rojos, varias mujeres servían las bebidas mientras compartían sonrisas con visitantes y vecinos que se acercaban a recibir un vaso.

En recipientes de vidrio y barro se prepararon aguas de horchata, chilacayota, jamaica y frutas de temporada, sabores que cada año acompañan esta tradición.
Niñas y niños también ayudaban a repartir las aguas, aprendiendo el gesto sencillo que da sentido a esta costumbre: ofrecer algo al otro sin pedir nada a cambio.
La celebración recuerda el pasaje bíblico del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana en el pozo, símbolo de hospitalidad y diálogo.
En Oaxaca, ese episodio se transformó con el tiempo en una tradición comunitaria que cada Cuaresma convierte calles y templos en espacios de convivencia.
Entre flores, cántaros y vasos que se llenan una y otra vez, La Samaritana vuelve a recordarle a la ciudad que la fe también se comparte con hospitalidad.