
Matan a 2 en Juchitán y los 2 presuntos agresores mueren en la huida
Conversar es uno de los actos humanos más ricos cuando se produce entre amigos, y es frecuente que remita a personajes en común. En el acto de conversar podemos hallar una felicidad que no entregan las imágenes que llegan y se van de nuestras manos, dejando tras de sí una insatisfacción soterrada, que refleja la tendencia presente a un vouyerismo digital descarado.
El peso de la imagen que anticipó en el Homo videns (1997) Sartori, uno de los politólogos más célebres, pero cuyos alcances probablemente no imaginó, hoy que millones de jóvenes, adolescentes y niños interactúan más a través de una pantalla que de frente y con los ojos centrados en el otro.
Después de una conversación entrañable por su carga de nostalgia, solo se puede cerrar con un café americano y unos plátanos fritos que en La Teca, de doña Deyanira Aquino, saben supremos.
El pequeño restaurante ubicado en la calle de Violetas suele aparecer en las guías gastronómicas más relevantes de México, y entre semana, con menos comensales, es un escondite, el pasadizo a una sala istmeña, en la que diferentes muebles, fotografías y obras de arte te envuelven con los aromas más profundos del Istmo.
Un día eres tú, al otro puede ser un Premio Anagrama de Novela, y no es broma sino anécdota.
Los amigos se encuentran un año después de que una regalara al otro En agosto nos vemos, la novela póstuma de Gabriel García Márquez, de hermosa edición.
Y es que regalar libros, también entre amigos, debe de ser uno de los ritos más valiosos en tiempos de e-books,audiolibros, tarjetas digitales, y mesas de regalos de diferente calibre, antes que nombre y apellido o años de conocerse.
Fruto de tal conversación, el politólogo y la periodista remiten a la historia política reciente de Oaxaca, en momentos que a nivel nacional se ensayan propuestas novedosas para analizar cómo el sistema de partidos de décadas dejó de existir. Después de ver el primer capítulo, puedo afirmar que el documental dirigido por Denise Maerker, PRI: Crónica del fin, está al nivel de dos joyas recientes del género: 1994(2019) y El show: Crónica de un asesinato (2023), ambos dirigidos por Diego Enrique Osorno. Los tres deberían ser obligatorios en la formación de próximos científicos sociales mexicanos.
De entre los nombres del recuento estatal, y luego de que varios de los antiguos políticos oaxaqueños se han ido, resalta un oaxaqueño que hizo de la vida política una vocación de caballero.
En la vida del contador Jesús Martínez Álvarez hay varios momentos relevantes, desde ser presidente municipal de la ciudad de Oaxaca, gobernador interino del estado en 1985, el sobreviviente más longevo de esta categoría, así como diputado federal en dos momentos, en los ochenta, y a principios de siglo, en los orígenes de Convergencia por la Democracia, partido al que, al igual que al PRI, renunció; no sin antes señalar los porqués, en un ejercicio que vale la pena repasar hoy que varios militantes de diferente signo simplemente publican fotos con el cambio de chaleco y de color.
Conocí al contador en 2010, cuando me fui a la ciudad de México a estudiar ciencia política. La conversación en un Starbucks con sillas que dan a la calle me recordó la plática con un tío querido de la familia, antes que el hecho de estar platicando con un exgobernador de Oaxaca. Con su voto de confianza, estudié y trabajé al mismo tiempo en la entonces representación del estado en la capital del país. Fueron varios años de esta experiencia, pero incluso cuando ya no estaba sabía que había sido su confianza en un joven oaxaqueño la que me impulsó a concluir mis estudios en la Universidad Autónoma Metropolitana.
En 2021, y después de varios años de no vernos, nos reunimos para que me diera una extensa entrevista acerca de su participación en el primer gobierno de alternancia de Oaxaca, cuyos alcances formaban parte de mi proyecto de tesis de maestría. Me interesabaentender las dinámicas del poder local en el gobierno que encabezó Gabino Cué entre 2010y 2016. Ahí el contador fungió por dos años como secretario general de gobierno, el último cargo de su extensa trayectoria administrativa. Las afirmaciones de don Jesús me permitieron redondear varias hipótesis sobre un gobierno dominado por diferentes grupos políticos, pero no un gobierno de coalición en sentido estricto. Al preguntarle sobre esta situación, una de sus respuestas fue elocuente: “Cuando entras al servicio público debes entenderlo, ser consciente de que si tú como servidor público haces algo mal, vas a partirle la madre a mil, dos mil o cincuenta mil gentes. Debes tener la mentalidad y por tanto debe haber un orden y estructura, un seguimiento del programa de gobierno que presenta el gobernador para que tenga acuerdos”. Sin embargo, en referencia al periodo de transición, comentó: “Nunca hubo eso”.
Jesús Martínez Álvarez cumplió años recientemente, y sigue siendo, antes que cualquier antecedente curricular, un oaxaqueño ejemplar, querido por amigos, vecinos y compañeros de toda una vida; vale decir que cada vez menos de las generaciones que nos precedieron, pero habitantes elegantes de una ciudad llena de historia, cultura y belleza. Quienes alsentarse en un café muestran las mejores maneras para intercambiar puntos de vista, recuerdos, autocríticas, enseñanzas, que en conjunto ponen en perspectiva todo nuevo intento por componer el mundo. Por ello, y a pesar de que no hemos compartido ninguna sobremesa recientemente, el convidado invisible en una mesa esquinada de La Teca nos reveló nuevamente su experiencia política para reflexionar sobre el largo plazo de nuestro estado.
De vuelta a casa encontré, como caída de un librero, una fotografía de hace quince años: en el punto de fuga, pero a la izquierda, un joven aprendiz de corbata negra, el saco del oradorcomo columna, en el atril don Jesús hablando en el aniversario luctuoso de don Benito Juárez, con el fondo de varias lápidas blancas en el panteón de San Fernando. El aprendizescucha mientras el orador, con el peso de las líneas escritas por el mismo, se convierte en mármol. Nadie sabe lo que sucederá en los próximos años, pero ambos saben que, como decía el Benemérito, “el poder termina y el recuerdo perdura”. Y con ese recuerdo nos quedamos.