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OAXACA, Oax. 24 de junio de 2026.- El fútbol permite comprender una época, explorar la identidad colectiva y entender por qué una sociedad convierte un juego en memoria personal, afirmó el escritor Juan Villoro durante la presentación de una exposición en El Colegio Nacional.
El autor sostuvo que ningún otro espectáculo está tan extendido y organizado en el planeta, por lo que observar la manera en que una sociedad vive el fútbol también permite conocer sus emociones, contradicciones y formas de convivencia.
“Para conocer nuestra época no hay espectáculo mejor repartido y organizado en todo el planeta que el fútbol”, expresó al señalar que la FIFA incluso reúne a más asociaciones nacionales que la Organización de las Naciones Unidas.
Villoro participó en la presentación de una exposición dedicada a la relación entre literatura, fútbol y afición mexicana, organizada como parte del corredor cultural de la Ciudad de México durante el Mundial 2026.
La muestra reúne textos del escritor, fotografías periodísticas, camisetas históricas, archivos audiovisuales, narraciones deportivas y piezas relacionadas con la trayectoria de la Selección Mexicana.
El eje principal no son únicamente los jugadores ni los resultados, sino el público, al que los organizadores definieron como el personaje número 12 del fútbol.
Villoro consideró que, si existiera un Mundial de aficiones, México tendría posibilidades de llegar a la final por su capacidad para acompañar a la selección, convertir las calles en espacios de celebración y recibir a seguidores de otros países.
Recordó que México fue escenario de dos de los mundiales más importantes de la historia: el de 1970, que consagró al Brasil de Pelé, y el de 1986, marcado por la Argentina de Diego Armando Maradona.
También reivindicó el Mundial femenil de 1971, celebrado en México, como un antecedente de la transformación reciente del fútbol y de la incorporación plena de las mujeres como jugadoras, árbitras, cronistas y aficionadas.
Para Villoro, la experiencia mundialista también ordena la memoria personal. Los aficionados, dijo, suelen dividir su biografía en periodos de cuatro años y recordar dónde estaban, con quién vivían o qué ocurría en sus vidas durante cada Copa del Mundo.
“Recordamos que en cierto Mundial tuvimos nuestra primera novia; para el siguiente ya nos había abandonado; para otro nos casamos y dos mundiales después nos divorciamos”, relató.
El escritor reconoció que el Mundial 2026 presenta condiciones distintas para la afición mexicana, debido al precio de los boletos, la dificultad para ingresar a los estadios y el número limitado de partidos que se disputan en el país.

México alberga 13 de los 104 encuentros del torneo, cinco de ellos en la capital, por lo que una parte importante del público vivirá la competencia mediante pantallas, reuniones familiares, espacios públicos y actividades culturales.
Villoro consideró que esta limitación puede recibir una respuesta creativa: convertir el fútbol en motivo de reflexión desde la literatura, la ciencia, la política, la economía, la memoria y las artes.
“No se disfruta el fútbol de la misma manera cuando uno lo ve en soledad que cuando uno lo ve en compañía y con la posibilidad de discutirlo”, señaló.
Explicó que las conversaciones posteriores a los partidos forman parte esencial del juego, porque una jugada de pocos segundos puede ser discutida durante horas y adquirir significados diferentes para cada aficionado.
El escritor también se refirió al distanciamiento reciente entre la Selección Mexicana y parte de su público, y afirmó que existe una especie de contrato social entre los futbolistas y la afición.
Sostuvo que el público tiene derecho a entusiasmarse, decepcionarse, aplaudir o abuchear, y que no puede exigírsele mantener la ilusión cuando considera que no existen razones para hacerlo.
A los jugadores les recomendó concentrarse en el desempeño deportivo y responder en la cancha, sin pretender controlar las reacciones de quienes pagaron un boleto o esperaban un mejor resultado.

Villoro advirtió que el descontento no depende solamente del rendimiento del equipo, sino también de factores como el costo de las entradas, las decisiones económicas, la gestión de la FIFA y la distancia entre el espectáculo y los aficionados.
No obstante, confió en que el propio juego pueda sobreponerse a la corrupción, los abusos políticos y las desigualdades económicas que rodean al fútbol profesional.
“El fútbol como juego tiene anticuerpos contra todas las cosas que pretenden destruirlo”, afirmó.
Para el escritor, la Copa del Mundo ofrecerá finalmente una oportunidad para renovar la pasión por el fútbol y para que México demuestre que, aun con pocos partidos, conserva una de las culturas deportivas más intensas y hospitalarias.
La exposición incorpora además una audioguía dedicada a los narradores deportivos, a quienes Villoro comparó con los antiguos rapsodas griegos que transmitían oralmente las grandes epopeyas.
El recorrido incluye archivos sonoros, imágenes intervenidas, momentos memorables y derrotas dolorosas de la Selección Mexicana, con el propósito de que cada visitante reconstruya su propia historia a través del fútbol.
La muestra propone observar cómo una afición recuerda, imagina, discute y se reconoce a sí misma frente a una cancha.
La exposición ¿De qué color pinta el verde? La selección mexicana, el fútbol y sus representaciones del mundo permanecerá abierta hasta agosto en El Colegio Nacional.
La muestra, coordinada por Juan Villoro y con la curaduría de José Enrique Ortiz Lanz, forma parte del Corredor Cultural Host City Ciudad de México, integrado por 18 recintos que vinculan el arte, la ciencia, la historia, la literatura y el género con la pasión por el fútbol.
El recorrido se construyó a partir de los libros Dios es redondo, Balón dividido y Los once de la tribu, e incluye alrededor de 100 fotografías, playeras de la Selección Mexicana, balones, objetos conmemorativos y archivos sonoros y audiovisuales.