Para Sebastián.

OAXACA, Oax., 16 de marzo de 2019.- El mundo es así, sórdido…

Un tiranuelo malgobierna un país llamado Oaxaca. Corre el mes de septiembre del 2006, falta poco para que el asesino Calderón se monte en el carro de la guerra.

La gente grita: ya cayó…


Tres psiquiatras, tres psicólogos, un agente del ministerio público y dos hombres de traje oscuro rodean la cama del pequeño David, lo estudian, lo interrogan.



Él llegó a la ciudad de Oaxaca a principios del mes de junio del 2006, año axial para Oaxaca y México.



David huyó de su casa ubicada en una comunidad perteneciente al municipio de Ocotlán de Morelos. Su padre lo obligaba a cuidar chivos, era un niño chivero. David quería ir a la escuela y aprender muchos poemas de José Juan Tablada, su favorito era:
“Tierno saúz
casi oro, casi ámbar
casi luz”. 



El papá de David estaba convencido de que la escuela sólo prepara a los niños para que se vayan a los Estados Unidos y no quería que su hijo terminara a muy corta edad cruzando la frontera. Prefería que su hijo fuera chivero.



En las marchas de junio, julio y agosto David fue conocido como el niño anarquista, por su grito de guerra: ¡Viva Práxedis G. Guerrero! mientras otros gritan: !Viva la APPO!, ¡Viva Oaxaca! o ¡Viva México! Él insistía: ¡Viva Práxedis G. Guerrero! Su pueblo llevaba ese nombre.

La prensa lo bautizó como “el niño anarquista” y cobró notoriedad porque además de ser gritón se cubría la cara con un paliacate rojo.

David está siendo interrogado. Los médicos lo observan y le aplican un test gringo, los ministerios públicos y los hombres de traje oscuro se lo quieren tragar, están cons-ter-na-dos.



David mató al tiranuelo y a sus dos guaruras de tres certeros piedrazos con su resortera durante el desfile del 16 de septiembre.
Él cayó…

David es zurdo, los psiquiatras y los psicólogos quieren entender qué pasa por la cabeza del niño ahora un monstruo ante los ojos de tirios y troyanos.


David no es tirio ni troyano, es de Práxedis, es el niño anarquista y mientras lo interrogan piensa en Tablada, recuerda: “Aunque jamás se muda,a tumbos, como carro de mudanzas, va por la senda la tortuga.”