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OAXACA, Oax. 8 de febrero de 2026.- El arzobispo de Antequera Oaxaca, Monseñor Pedro Vázquez Villalobos, afirmó que Dios pide a las personas actuar con justicia, caridad y misericordia, y advirtió que la fe cristiana pierde sentido cuando no se refleja en acciones concretas hacia los demás.
Durante la homilía correspondiente al V Domingo del Tiempo Ordinario, el prelado sostuvo que el Evangelio es claro al señalar que las y los creyentes son “sal y luz”, no como una aspiración, sino como una responsabilidad que debe manifestarse en la vida cotidiana, especialmente en el ámbito familiar y comunitario.
En ese contexto, Vázquez Villalobos lamentó la desunión familiar provocada por disputas relacionadas con herencias, situación que —dijo— ha observado con frecuencia en distintas comunidades del estado. Señaló que estos conflictos llegan al extremo de romper relaciones entre hermanos y de excluir a mujeres del reparto de bienes, lo que calificó como una grave injusticia.
Asimismo, cuestionó el abandono de personas adultas mayores por parte de sus propios hijos, al advertir que existen casos en los que se intenta despojar a padres y madres de sus viviendas o se les niega el sustento. Afirmó que estas acciones no generan bendición y reflejan una falta de responsabilidad y de valores familiares.
El arzobispo también llamó a reflexionar sobre el egoísmo, al señalar que una vida centrada únicamente en el interés personal termina por afectar la convivencia y la felicidad tanto individual como colectiva.
Aquí su homilía completa:
CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
8 DE FEBRERO DEL 2026.
Qué alegría podernos encontrar de nuevo en nuestra Iglesia Catedral de esta ciudad de Oaxaca. Por la gracia de Dios estamos aquí y por la voluntad que nosotros hemos tenido de venir a reunirnos a torno a este altar para celebrar el Sacrificio de Jesucristo, ofrecerlo al Padre por todos y cada uno de nosotros para el perdón de nuestros pecados.
Gracias por dedicarle a Dios este momento de su domingo y sigan conviviendo con su familia, sigan conviviendo con ellos, porque necesitamos también alimentar nuestro amor, nuestro amor familiar, nuestro amor de personas.
Hemos escuchado la Palabra de Dios, espero que haya resonado en nuestros oídos y en nuestro corazón. ¿Qué es lo que espera Dios de nosotros? Que seamos luz y que seamos sal. No es una invitación que hace Dios, no es una invitación, es una afirmación que nos dice: ustedes son la sal, ustedes son la luz.
Preguntémonos si, a lo largo de nuestra vida, hemos sido eso, sal y luz. Pregúntese si en su entorno, las personas con las que usted vive son felices, viven alegres por su presencia, disfrutan de lo que usted es. ¿Le da usted ese sabor agradable a la vida de los demás? Porque eso es lo que hace la sal, hacer que nuestros alimentos nos sepan agradables. Cuando nos dan un caldito de pollo y no tiene sal, decimos: ¿no tiene por ahí unos granitos de sal? Quiero ponerle tantita sal para que me sepa, para que me caiga agradable a mi paladar. Pedimos sal.
Yo creo que muchas veces nuestros hermanos nos piden eso, un poquito de agradable la vida, “ya no seas tan pesado, ya no me canses tanto, ya no me hartes tanto, ya, ya es suficiente todo lo que me has hecho y todo lo que me has dicho, no me ha hecho feliz, no me ha sido agradable la vida contigo, ya, ya cambia un poquito o un mucho, siento necesidad de eso, de esa sal que haga agradable mi vida, siento necesidad”. A lo mejor nos lo han dicho, no una vez sino muchas veces y, ¿qué ha pasado, por qué no hemos querido hacer agradable la vida, por qué? ¿por qué nos encerramos en nosotros mismos y no pensamos en la alegría de los demás? ¿por qué somos tan egoístas? Siendo egoístas no vamos a ser felices, ni nosotros vamos a ser felices.
Un egoísta sólo piensa en él y luego al rato dice que nadie lo quiere, que nadie se fija en él, que no es importante, un montón de cosas que dice. Pues ha sido egoísta, se ha encerrado, no ha sido capaz de salir de su interior e ir al encuentro del otro, en un encuentro de amor, de cariño, de hacer feliz.
Ustedes son la sal, nos acaba de decir Nuestro Señor, esa es una afirmación, no nos dice: “Yo quiero que tú seas la sal”, no nos dice: “Yo te pido que tú seas la sal”. Nos dice: “ustedes son la sal que va a hacer agradable la vida. Ustedes son la luz”.
¿Y cómo somos luz? Nos lo dice al final el Evangelio: “Que sus obras brillen ante los hombres, para que viendo lo que ustedes hacen den gloria al Padre, que está en los cielos”. No para que te den gloria a ti, no para que te alaben, es para la gloria de Dios. Si nosotros andamos buscando aplausos, agradecimientos, caravanas, somos muy soberbios y no estamos siendo esa luz que quiere Nuestro Señor, porque quieren que nos pongan incienso, que nos alaben, que nos aplaudan, que nos digan que somos buenísimos. Corremos el peligro de que los que están más cercanos a nosotros nos digan que somos candil de la calle y oscuridad de nuestra casa. “Dicen que eres muy bueno, pero no lo vemos aquí, en casa”. Cuando andamos buscando las alabanzas y eso, queremos ser candiles. La alabanza es sólo para Dios, sólo para Dios, la gloria para Dios.
No dejemos de ser luz en medio de este mundo lleno de tinieblas.
Dios nos pide justicia, caridad y misericordia. Justicia, caridad y misericordia, lo escuchábamos en la primera lectura, acciones concretas, para ser esa luz y esa sal, acciones concretas.
Comparte tu pan, comparte tu alimento, comparte tu vestido. Comparte.
Aquí también tenemos que pensar si realmente compartimos y recuerdo muchas cosas que son tristes, que son desagradables. Me encuentro en mi caminar, en mi caminar, por los pueblos de nuestro Oaxaca, mucha pobreza, hermanitos nuestros andan descalzos, a veces muy limitados en su alimento, tortillitas y un caldito, pero no un caldito de pollo criollo, no, no, no, no, un caldito de agua caliente con unas hierbitas que encuentran en el campo y de eso viven y, a veces, nosotros desperdiciamos el alimento, lo echamos al bote de la basura inorgánica y orgánica y la revolvemos ahí y no pensamos que a veces hay personas que necesitan, no compartimos el pan, mucho menos el vestido, porque me costó, porque lo quiero mucho el vestidito ese que nunca me pongo, pero lo quiero mucho, no lo compartimos, pero lo más triste que yo he encontrado es que los hijos abandonen a sus papás y, a veces, les quitan lo que tienen. Qué injustos, los echan a la calle, con mucha frecuencia me dicen los abuelitos: “padrecito, mis hijos me quieren quitar la casita, donde yo vivo y me quieren echar a la calle”… ¿por qué? ¿por qué tanta crueldad? ¿por qué tanta maldad? Ese acto no te va a traer bendición y no porque lo diga yo, no porque lo diga yo, no vaya usted ir a decir: ”el Obispo de Oaxaca maldijo”, no, usted solito se va a maldecir. Un hijo malo no alcanza bendición divina y no porque Dios no quiera bendecirlo, sino porque él no quiere recibir esa bendición, se cierra. Quitándole la casita donde vive mi padre ancianito ¿Dios me va a bendecir? No, ¿echándole a la calle, negándole el sustento, olvidándome de él, me va a bendecir Dios?, no me va a bendecir porque no estoy siendo el hijo bueno.
¿Cómo puedo pedirle a Dios que me bendiga si yo no puedo ser una bendición para mi padre?, le estoy quitando su casita y ampliemos esto, le quitamos también al hermano la parte de su herencia, ¡ah cómo nos peleamos en la familia por herencias! Y hasta nos dejamos de hablar por culpa de las herencias, ese es el colmo. Papá tiene una casita y andamos peleando la parte de la casita y los hombres nos sentimos con el poder y, a las hermanitas, las hacemos a un lado, que las mantengan sus esposos. También es hermanita y también es hija de papá y mamá.
No seamos así, eso no es ser luz y tampoco sal, eso no agrada a Dios, comparte tu pan, comparte tu vestido, comparte tu techo, nos dijo Nuestro Señor en la primera lectura, comparte. Espero que ninguno de ustedes sea así y, cuando te encuentres a alguien con esos sentimientos, siémbrale otra clase de sentimientos, para que Dios lo bendiga, para que no se condene en la vida
Tarde o temprano, cuando nosotros no obramos como quiere Dios, tarde o temprano vienen las consecuencias y, cuando llegan las consecuencias, comenzamos a preguntarnos, por qué, por qué, Señor, me mandas esto. Pues si yo lo fui juntando a lo largo de la vida, no me lo está mandando Dios, así quise vivir en un futuro, porque estuve viviendo no agradando a Dios, no agradando a Dios.
Que Dios nos ayude y nos haga reflexionar y pensar para que siempre vayamos bien orientados, bien motivados, haciendo lo que quiere el Señor, que usted sea de verdad sal en medio de su familia, en medio de su trabajo, en medio de su convivencia con los demás y que siga siendo la luz que ilumina a toda persona.
Que María Santísima nos cubra con Su manto y alcance gracias para que nosotros seamos los hijos de Dios que saben responder con generosidad y que, a través de las acciones en favor de los demás, arranquemos de los labios de las personas la glorificación a Dios, porque Dios se hace presente a través de lo que usted hace, cuando realiza ese compartir, Dios se hace presente a través de sus manos, cuando comparte sus sentimientos, cuando vibra con las alegrías y las tristezas de los demás, ahí está Dios, compartiendo las vivencias de los hermanos. Haga feliz a los demás, haga que disfruten de la vida, haga que Dios se haga presente a través de sus obras.
Que María nos alcance esas gracias para ser eso, luz y sal en medio de este mundo, que a veces está lleno de tinieblas, lleno de pecado.
Que así sea.