OAXACA, Oax., 23 de febrero de 2020.- Una mirada al debate público nacional de las semanas recientes permite atisbar el reto de fondo de los mexicanos en el primer tercio del siglo 21.

No se trata solo de redefinir una estrategia general, y sus variantes regionales, de desarrollo.

Es decir, no bastará con haber ajustado la economía monetarista y abierta del libre comercio, simbolizada por el TLCAN vigente de 1994 a 2018, mediante modalidades proteccionistas selectivas introducidas al TMEC en la que se ciñen los lazos entre Estados Unidos y México, al que se le cargan nuevos deberes.

No se trata únicamente de volver a reforzar el sistema presidencial mexicano con sus facultades y prácticas informales más allá de la Constitución y avanzar en el proceso de centralización de sectores clave de economía y sociedad, por ejemplo la salud o la seguridad.

No es únicamente que se remodele el sistema de partidos y se modernicen, se aliente la competencia y asegure la gobernanza electoral democrática en lugar de socavar la.

Tampoco sería suficiente con revertir la fragmentación y captura del poder del Estado que cayera en manos de diversos actores, convenientemente agazapados en el municipalismo, el federalismo, las autonomías y hasta el pluralismo, en buena parte insostenibles y disfuncionales.

Mucho menos alcanzarán las solas acciones anticorrupción, las políticas sociales dirigidas a grupos y regiones vulnerables o grandes proyectos de infraestructura para la movilidad y el turismo.

Todo eso puede ser necesario pero no será suficiente.

Junto a ello es indispensable promover un sentido individual y compartido de humanismo, conciencia social y compromiso cívico.

Se requieren acciones concretas ejemplares de líderes políticos, empresariales y sociales que dejen de autocomplacerse para asumir en serio sus deberes con la sociedad.

Urgen políticas y acciones que terminen de romper la herencia patriarcal, colonialista y monárquica que impiden la igualdad sustantiva, la liberación mental, la convivencia en la diversidad y la emancipación espiritual.

Pero no podrá solo el gobierno sino que debemos hacer lo que nos corresponde en nuestras respectivas esferas de acción.

Sin esta autoconciencia del poder sobre nuestros propios recursos para movernos y conmovernos no habrá Cuarta Transformación o nuevo cambio profundo posible que siquiera frene la degradación.

Este es nuestro desafío esencial. Es el reto de la nueva generación.