Oaxaqueñología |  Raúl Ávila Ortiz

Hacia el 1-J

OAXACA, Oax., 11 de marzo de 2018.- El aumento en cantidad e intensidad de la información en nuestro tiempo es evidente e impactante. Las noticias y las ideas fluyen sin cesar las 24 horas del día y los 365 días del año.

Un ligero pestañeo deja al más atento observador sin el dato clave para entender la realidad.

En esa condición contemporánea, los antiguos estados-nación pierden capacidades y oportunidades ante toda clase de actores, y los líderes políticos que buscan acceder a cargos de representación política deberían saberlo.

En ese tenor, debe tenerse presente que el Estado mexicano afronta uno de sus más serios desafíos.

Sus tres principales demonios: inseguridad, corrupción e impunidad, y desigualdad social, andan más libres que nunca y no parece encontrarse el antídoto para reducirlos.

El déficit de “estatalidad” o capacidad del Estado mexicano para cumplir a satisfacción con sus deberes básicos, pasa por la falta de su propia reforma: la reforma del poder.

Si bien en los últimos 40 años hemos venido reformando y reajustando el sistema electoral para acceder a los cargos de decisión política a través de partidos, candidatos, campañas e instituciones más democráticas, no hemos hecho lo propio con el sistema de gobierno y sus mecanismos de control.

Es tal el desfase entre ejercicio y control del poder frente a las reglas para acceder a él y distribuirlo, que aquellas han infectado a estas y las han comenzado a envenenar. Este fenómeno explica en parte la indignación ciudadana que espera cobrar facturas el próximo 1o de julio.

Las campañas en curso y el debate público deberían concentrarse mucho más en la reforma del poder para precisar los métodos aplicables a garantizar seguridad, rendición de cuentas y prosperidad con equidad.

Reforma del poder significa, por ejemplo, gobiernos de coalición y ajuste a los poderes ejecutivos y legislativos, federales y locales, para aumentar su legitimidad y eficacia.

Órganos autónomos como las fiscalías y sistemas de transparencia y anticorrupción que en verdad lo sean y tengan capacidad de ejercer sus atribuciones coordinadamente en favor de las personas y sus derechos mediante un servicio público profesional de excelencia.

Poderes judiciales con integridad a toda prueba.

Una profunda revisión a las fórmulas fiscales y de financiamiento del desarrollo para reactivar la vida pública municipal y estatal. Hacerles corresponsables en serio de la captación y ejercicio de los recursos públicos escasos.

Reforzar la implantación de la lógica de las políticas públicas para armonizar la oferta político electoral con el mandato de los representantes políticos y la evaluación de su cumplimiento para hacer coherente la posibilidad del premio o el castigo en las urnas a través de la posible reelección. Si no es así, en tres o seis años el problema se agravará aún más.

Revisar a fondo el sistema federal hoy desordenado y distorsionado debido a ensayos frustrados mediante el círculo vicioso de la oportunidad política, el corto plazo y la ganancia ilícita.

Imaginar un Estado fuerte, inteligente, ágil, democrático y eficaz. De calidad internacional y con profundas raíces nacionalistas.

Un Estado proactivo en un mundo global en el que la competencia y nuevos retos y amenazas obligan a la vigilia y la previsión constantes, a la sobriedad y el rendimiento máximo. A predicar con el ejemplo y a no confundir interés público con interés privado.

Un Estado que privilegie la cooperación y la solidaridad de género y con los grupos vulnerables. Que abata y castigue la discriminación y la violencia tanto a las mujeres como a las personas de cualquier preferencia sexual, política o religiosa.

Que, en breve, haga bien sus tareas fundamentales: regular, ejercer, promover, extraer, redistribuir, transparentar, rendir cuentas, legitimarse, reproducirse y cambiar.

Ojalá que la discreta apertura de opciones para el debate político concedida por el tribunal electoral a los candidatos y a los mexicanos, en general, redunde en favor de procesos electorales más ricos en contenidos, diagnósticos y propuestas.

El estado de la sociedad no puede esperar más. Acaso así aminore su malestar e indignación, cuyos motivos no son menores.