CIUDAD DE MÉXICO, 5 de febrero de 2020.- Al contemplar la obra de la paisajista michoacana Ivonne Angélica Aridjis, me surgió la pregunta: ¿hasta que punto los mexicanos somos en este momento dueños de  nuestro propio paisaje y de disfrutar cielos límpidos, con tanta violencia, inseguridad y contaminación?.

La belleza de las obras de la artista de Contepec, que recogen el pasado, la actividad expresada de la naturaleza, los recuerdos, reflejan espacios de libertad, de tranquilidad cotidiana y reclaman en su añoranza-como una demanda del arte-, el retorno a esa simplicidad, el derecho a una vida plena.

Puede haber pueblos en México que aún conserven la normalidad de la existencia diaria, como se ve en este pueblo del noroeste de Michoacán, pero una gran mayoría perdió hace tiempo la capacidad de defensa. La voracidad política y el crimen organizado los hicieron víctimas de un camino que se antoja sin retorno si la propia población no le pone un hasta aquí.

Hay que considerar que existen en el país según  INEGI  dos mil 446 municipios, con  miles y miles de localidades, muchas de las cuales están insertas en esa situación  tortuosa y llena de peligro del crimen, aliado en muchos casos con el propio poder político y haciendo eco de su complicidad fuerzas que discurren en la comunidad. Una de ellas el conservadurismo.

Fue un gusto ver en esta localidad, cabecera del municipio que tiene un poco más de 4 mil habitantes, festejar tres iconos de nuestra cultura alimentaria: el pulque en su naturalidad y diferentes curaciones, el nopal y el maíz. De hecho este es un  pueblo agrícola, maicero, que antes era visitado por las mariposas Monarca.

El agricultor del maíz, Serafín Anaya Vázquez, a la par que destraba los secretos de la bendecida mazorca,  describe el grado de asistencia de las hermosas volátiles que vienen de Canadá y que según dice, eran tantas, que los arbustos se cimbraban ante su peso. Todo eso se extinguió con la depredación del árbol que les daba vida y un incendio tan portentoso, que apenas 10 mil gentes de los pueblos aledaños, pudieron apagar. Eso fue hace dos décadas y media.

Ivonne Aridjis: el arte, libertad de expresión, visión del mundo y apoyo para la paz.

Desde hace tiempo, gran parte del paisaje mexicano está secuestrado. Hemos perdido parte de nosotros con la destrucción ecológica y los controles de la delincuencia. Los pueblos deben recuperar lo que los complementa y para eso es urgente plantear un cambio. Y es que quien pinta paisajes, está describiendo desde  muchas perspectivas la geografía de un país.

No por algo el paisaje está considerado entre los temas relevantes de la superficie de  ese  país, de historia, ecología,  economía,  turismo, cultura, etcétera y  el interés de los organismos internacionales, al grado de que la propia UNESCO distingue como patrimonios de la humanidad ciertos paisajes.

Hay muchos libros que abordan el paisaje desde sus diferentes temas. Los pueblos descubren sus propios paisajes y el interés que se centra en ellos; es una parte de la vida cotidiana. Si los pierde se cercena. Es el paisaje terrestre, la topografía que en general se integra a lo que se llama paisanaje -el ser humano-,  para crear un  entorno, lo cual no quiere decir que no haya paisajes solos, sin humanos, como los desiertos o las altas montaña, integrados por otros tipos de seres vivientes.

Fueron muchas de estas visiones las que llevaron a Ivonne, miembro de una familia de artistas,  poetas, fotógrafos, pintores, a dedicarse al paisaje. Estudiosa de pintura  en Morelia y periodismo en la Escuela Carlos Septién, maestra de profesión y directora de la escuela más importante de Contepec, ha exhibido en  salas en la Ciudad de México, en Michoacán, en el Estado de México y otras entidades.

En la reciente, de 23 obras, que se inauguró  en  Contepec donde nació de una familia de origen griego,  obtuvo del presidente municipal la promesa de  impulsar el entorno cultural del  municipio. En este momento no hay en el pueblo un espacio determinado para las exposiciones  y la reunión cultural. En paisajes, dijo la artista ante una nutrida asistencia, “no hay dos cielos iguales” porque todo depende del momento. Y apreciar el arte -en cualquiera de sus expresiones-, “nos ayuda a ampliar nuestra visión del mundo, y estimula el despertar de nuestras conciencias y nuestras mentes”. Recalcó, el arte “contribuye a la paz pues exalta lo mejor del ser humano”

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