CIUDAD DE MÉXICO, 14 de agosto de 2020.- Rosario Robles no salpica por eso no sale del penal de Santa Martha Acatitla a donde la ingresaron, a fuerza, hace un año.

Emilio Lozoya es solidario con el Estado, por eso a pesar de haber huido a España, no ha puesto un pie en tribunal alguno. Lo extraditaron derechito a una suite en un hospital, lo mimaron y ahora desde la comodidad del hogar dispara en contra de los expresidentes de México, legisladores de ayer y políticos varios.

A un año de haber acudido por voluntad personal a declarar y conocer las acusaciones en su contra, la maestra Rosario Robles continúa tras las rejas a pesar de que la ley determina que los delitos que le imputan no ameritan la prisión preventiva. Para su mala suerte, el juez de su caso es el sobrino de dos enemigos jurados de Robles Berlanga, la diputada Dolores Padierna y su esposo, René Bejarano, alias el señor de las ligas.

Sorpresas y vueltas te da la vida. El Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, fue subordinado de Robles cuando esta ocupo la Jefatura de Gobierno de la capital del país al marcharse el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en pos de su tercera candidatura a la presidencia. Gertz fue jefe de la Policía y Robles su jefa. Ahora el Fiscal asegura que la diferencia de trato o maltrato entre Lozoya y Robles radica en que ella no coopera y él sí. Que a él ya le decomisaron montones de propiedades y activos, y a ella no.

Rosario a través de su defensa legal aclara que no delata porque no tiene a quien delatar y no entrega millones porque tampoco los tiene.

Rosario está en la cárcel. Si la jueza del cuarto tribunal resuelve a su favor podrá por fin obtener el beneficio del arresto domiciliario.

Rosario no es santa de la devoción de la 4T, su perfume de gardenias irrita narices y evoca recuerdos de los que hoy están en plenitud del poder. Lozoya en cambio es un santo milagroso, un delator que robó, huyó y lo pescaron.

A los amigos justicia y gracia, a los enemigos injusticia a secas. Queda claro.