
San Miguel de Allende consolida modelo de éxito internacional
Recientemente, se realizó en la ciudad de Oaxaca el foro Democracia, autonomía y universidad, al que fue invitado el académico de la UNAM Eduardo López Betancourt, con una larga trayectoria como docente y formador de opinión, y en el que se trataron temas interesantes para el futuro de la universidad pública, que en el caso de Oaxaca tiene en la UABJO a su principal referente, pese a todos los problemas que ha significado mantener el funcionamiento de la principal institución de educación superior en el estado, y que recientemente vivió un proceso de elección para rector que no se realizaba, por distintos motivos, desde hace una década.
En este mismo foro, fue valioso escuchar, quizá por primera vez en un foro abierto al público en general, al menos desde que yo recuerdo, a un rector de la UABJO responder sin ambages a las cuestiones fundamentales de la universidad. Después de un proceso democrático en el cual por parte del bloque perdedor le fueron cuestionadas sus credenciales académicas, Farid Acevedo recordó su paso por la universidad en los años noventa como estudiante de la Facultad de Contaduría y Administración, donde después también realizaría su posgrado y sería docente. El razonamiento general del universitario detrás del cargo es que quienes estudian en la UABJO y salen a trabajar en distintas arenas, incluidas las instituciones de gobierno estatal o federal, no dejan de serlo, y siempre pueden regresar a la que fue su casa de estudios, como docentes, investigadores, e incluso autoridades educativas.
Así, debatir la autonomía implica al menos tres grandes líneas generales que planteó Acevedo, la primera y más urgente por el momento que atraviesa la universidad es la autonomía de la gestión financiera. De qué sirve reclamar autonomía política si antes no se ponen sobre la mesa los números de la universidad pública: matrícula, eficiencia terminal, costos de operatividad, sueldos y salarios, además de las prestaciones laborales en un contexto de varios sindicatos. Se requiere remontar una situación financiera que se ha vuelto crítica después de treinta años de incrementos marginales en su presupuesto frente al reto de ser la principal institución oaxaqueña de educación superior y media superior, con casi 30 mil estudiantes en sus aulas, que toman clases en 31 unidades académicas en el estado. Evitar la quiebra técnica financiera que ya han presentado otras universidades, como la de Sinaloa, es el principal pendiente de su gestión.
En segundo lugar, la autonomía es también el diseño de los órganos de gobierno y la elección de sus integrantes, el cual es derecho de las y los universitarios. El reciente proceso electoral demostró que la competencia entre opciones diferentes no solo es formal, sino que provoca una competencia real entre opciones distintas y que el voto universitario universal sigue teniendo un carácter definitivo en la elección del rector, si bien se mantiene la crítica a esta universalidad y quizá, como señaló Betancourt, se deberían retomar modelos internacionales como el español, donde el voto de académicos e investigadores equivale al 50%, el de los estudiantes al 30% y el de los empleados administrativos al 20%. Que los alumnos sean o no influenciables es una verdad de Perogrullo, porque en general todas las personas lo somos; el hecho es que frente a la urna el universitario tiene el derecho de ejercer su voto sin coerción, en opinión de Acevedo.
En tercer lugar, la autonomía es libertad de cátedra y pensamiento crítico. Las aulas de la UABJO, según el nuevo rector, se mantendrán abiertas a la diversidad de opiniones siempre y cuando se cumplan los planes de estudio. Poner a la UABJO en el centro de la vida pública a partir del debate razonado de ideas parece urgente en un estado donde proliferan universidades sin carácter ni antecedentes, de muy dudosa calidad académica, y que hoy titulan a personas en cuestión de meses sin rigor académico. Es una realidad del país, no solo de Oaxaca, pero que en los años recientes se ha acentuado, poniendo en duda el papel de garantizar que los planes de estudio estén bien diseñados y las universidades de nueva creación funcionen de acuerdo a los objetivos de sus RVOES, que no deben ser solo un trámite ni una hoja que se archiva. La Universidad Pública, esta vez con mayúsculas, debe servir para moderar el rigor académico, evaluando externamente a universidades que busquen garantizar el nivel de sus planes y programas de estudio.
Frente a la próxima celebración de los doscientos años de la fundación del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, donde estudió la generación liberal de Juárez en el siglo XIX, una fecha que marcará la gran retrospectiva sobre el trabajo de la universidad pública en Oaxaca, el rector Acevedo y su equipo de trabajo tienen frente a sí la ardua tarea de devolverle a la UABJO el prestigio público de sus mejores épocas. No porque la universidad y sus egresados no lo tengan en las disciplinas de estudio, de donde siguen egresando grandes médicos, abogados, contadores y arquitectos, entre otras profesiones, sino porque la recurrencia de sus propios problemas en lo que va del siglo XXI lo ha puesto en duda.
La universidad de los oaxaqueños entra ahora en un debate más amplio que el de su autonomía, y es el de su aportación al desarrollo general del estado de Oaxaca, cada vez más complejo, con retos económicos, demográficos y sociales de largo plazo, y ahí precisamente debe ser la UABJO un faro que oriente a autoridades, organizaciones y ciudadanía hacia el progreso. Un ideal que seguramente tuvo en mente el Juárez abogado y rector, antes que el presidente de México. Si antes ha sido el laboratorio de la resistencia social, con dos grandes momentos de participación en la lucha política contra la represión y la apertura del sistema democrático oaxaqueño, en la caída de Zárate Aquino en 1977 y treinta años después en la revuelta social de 2006, hoy la UABJO debe proyectarse hacia el futuro, y esto implica verse en el espejo de las universidades nacionales e internacionales, poner los empeños de su personal en la calidad académica y buscar competir en los foros y certámenes que también contribuyan a que Oaxaca sea menos desigual, más próspero e incluyente. En suma, una universidad y un estado, a la par, pero a la altura de su historia.
@bruneitorres