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En México, actores políticos han recurrido al pop coreano y a agrupaciones como BTS para conectar con los jóvenes, al reconocer su relevancia como sector electoral, por lo que no es casual la presencia de esta banda en Palacio Nacional o su incorporación en discursos y estrategias de comunicación pública, aseguró el doctor Eduardo Luciano Tadeo Hernández, profesor investigador de la Unidad Xochimilco en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
“Con Corea del Sur compartimos una relación diplomática histórica que genera interdependencia y eso repercute para que algunos sectores se beneficien en una forma de ‘poder suave’, concepto que hace referencia a la capacidad para influir en otros a través de la cultura”, indicó.
De acuerdo con el coordinador de la maestría en Relaciones Internacionales de esa sede, la llamada “ola coreana” o Hallyu se consolida como uno de los fenómenos más influyentes a nivel global, con un impacto visible a nivel nacional que no es espontáneo, sino resultado de una táctica estatal de Corea del Sur que combina desarrollo económico, negocio creativo y diplomacia.
El término Hallyu, acuñado en un principio por medios chinos, hace referencia a la creciente popularidad de productos como el K-pop, los dramas televisivos y el cine que, con el tiempo, el propio gobierno surcoreano adoptó como parte de su enfoque internacional para posicionarse en el mundo.
Su éxito responde a una política de crecimiento de su economía en la que Corea del Sur impulsó distintos campos productivos mediante una estrecha colaboración entre el Estado y la iniciativa privada. Este modelo permitió el fortalecimiento de las industrias culturales y su posterior internacionalización”, detalló en entrevista el experto.
“Este prototipo, primero se consolidó en Asia, después en Estados Unidos y de ahí llegó a América Latina, sin embargo, en la actualidad, ya no se depende del mercado estadounidense y existe un interés directo de empresas surcoreanas por el público latinoamericano. Por ejemplo, la empresa HYBE, responsable del grupo BTS, ya tiene oficinas en la región e impulsa proyectos musicales locales”.
De acuerdo con el docente, en nuestro país existen manifestaciones muy concretas, por ejemplo, el Museo Nacional de las Culturas del Mundo tuvo como una de las exposiciones más concurridas del fue sobre K-pop; existe una expansión de restaurantes coreanos en distintas zonas de la Ciudad de México, lo que plasma su trascendencia hacia otros ámbitos como la gastronomía, y la repercusión y alcances del aclamado conjunto musical.
En este último caso, ha sido el papel del fandom, conocido como ARMY, uno de los más mediáticos al tratarse de un colectivo global con características singulares.
“Está integrado en su mayoría por mujeres de diversas edades que han desarrollado planificaciones tanto digitales como presenciales, consumen contenidos, pero participan en su difusión, organización de eventos y generación de narrativas propias, además de involucrarse en causas sociales”, explicó.
Para el doctor Tadeo Hernández, BTS ha contribuido a este compromiso al participar en campañas relacionadas con la educación, el cambio climático y temas democráticos, ello ha generado una identidad entre sus seguidores.
“Los aspectos positivos es que crean un sentido de comunidad en un momento en que una de las crisis sociales más fuertes que tenemos es la falta de identificación colectiva. Fue muy impresionante esta crítica que hicieron por la venta de boletos de los conciertos a revendedores y la exigencia al gobierno de la vigilancia de este tipo de procesos que contribuyen a generar cambios sociales”.
No obstante, consideró que todas estas expresiones también conllevan contradicciones como el invisibilizar problemáticas entre las que se encuentran la explotación laboral en la producción musical surcoreana o la violencia de género.
La atención ha crecido en los últimos años al punto de tocar las puertas del sector académico y en la Unidad Xochimilco, alumnado y profesorado han comenzado a analizarlo a profundidad, lo que se manifiesta en la organización de distintos eventos, entre ellos, el Primer Encuentro Hallyu, resonancias de la ola coreana en México: reconfiguración de consumos culturales, imaginarios y repertorios afectivos, organizado por la licenciatura en Comunicación Social y realizado en este mismo espacio universitario con un programa que incluyó mesas de discusión, conferencias magistrales y conversatorios.