
Preserva productor 300 variedades de pitahaya en Telixtlahuaca
Punto de quiebre
“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.”
— José Ortega y Gasset
A lo largo de la historia, las juventudes han sido fieles a sus inquietudes revolucionarias. La generación de 1968, influenciada por el rock and roll, luchó en México contra el autoritarismo y en favor de la educación pública, marcando un antes y un después en la vida política y cultural del país.
Ese contexto sirve como punto de partida para intentar comprender a las juventudes de hoy: jóvenes diversos, provenientes de lugares tan distintos como Madagascar, Nepal, Indonesia o México, que enfrentan necesidades reales: desempleo, crisis ambiental, corrupción y un futuro cada vez más incierto.
Los problemas estructurales, tanto globales como nacionales, son preocupaciones legítimas para la Generación Z. Sin embargo, las vías de solución muchas veces escapan a sus propias capacidades. Aun así, estas juventudes globales, conscientes de sus retos y circunstancias, asumen el papel de protagonistas de su tiempo y buscan transformar su entorno.
Una de las paradojas más fascinantes de la revolución de la Generación Z es su bandera: un anime. En One Piece, Luffy y su tripulación viajan por islas, derrocan gobiernos corruptos, liberan pueblos enteros y enarbolan una calavera sonriente con sombrero de paja como símbolo de aventura y libertad. Esa imagen, tan alejada de los viejos manifiestos políticos, representa hoy un espíritu rebelde y creativo que trasciende fronteras.
Ya en la década de 2010, la Primavera Árabe fue ejemplo de juventudes levantándose por sus sueños y derechos. Sin embargo, no siempre los motivos de esas luchas encontraron resolución. Lo mismo ocurre ahora: la indignación y la esperanza se mezclan en un mundo complejo, interconectado y saturado de información.
Así como en distintas partes del mundo las juventudes cuestionan las estructuras de poder, en México la inconformidad adopta formas propias, marcadas por la desigualdad y la violencia. Jóvenes convocan marchas para el próximo 15 de noviembre. Más que una protesta contra un gobierno, parece una manifestación contra un statu quo que sienten ajeno, un sistema del que no se sienten parte y en el que no ven un futuro posible.
La violencia en aumento agudizada por el infame homicidio del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo puede profundizar las inquietudes juveniles que buscan una identidad y un lugar en su país. En medio del desencanto, la Generación Z se enfrenta a un desafío triple: encontrar sentido, futuro sustentable y construir pertenencia en un mundo que, muchas veces, parece no tenerlos.
Esa, quizá, sea su verdadera revolución: no la destrucción del mundo heredado, sino la reinvención del significado de futuro.