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Charlas con mi hija
—¿Qué estás leyendo, Rosy?
—Un poema de Ramiro Garza que nos dieron en la junta de padres de familia en la escuela de Alan.
—¿Me lo puedes leer en voz alta?
—Claro que sí:
Ayer me dijo mi hijo: “Papá, quiero que me tomes una foto junto al rosal que planté. Acaba de abrirse una rosa increíble.” Yo le respondí: “Sí hijo, mañana tomaremos esa foto”.
Al día siguiente, la rosa no existía. El viento de la noche la deshojó en silencio. Cuando abrí la puerta del jardín, con la cámara en la mano, dispuesto a hacer hoy lo que debía haber hecho ayer, era demasiado tarde. La mirada de mi hijo se me clavó en el alma.
Cuántas veces en la vida, lo que se tiene que hacer hoy, se deja para mañana de buena fe. Los resultados son tristes, el tiempo no pasa en balde, bastan a veces unas horas, unos minutos, unos segundos para que todo sea distinto… Era una rosa bella, sus pétalos amarillos lucían la mañana de ayer en forma espléndida, su apariencia era en verdad impresionante, pero esa rosa ya no existe. Solo unos pétalos en el pasto, solo un tallo espinoso meciéndose burlonamente, y era la única rosa del rosal, la única.
En la vida de todo ser humano puede repetirse lo que me sucedió ese día. En la vida alguien puede decirnos: “Por favor, ¿podrías decirme…? ¿Podrías darme…?” y nosotros también podemos contestar: “¡Mañana!”.
El pasado ya no existe; mientras escuchas mis palabras, el presente se diluye como agua cristalina entre los dedos, y cuando menos pienses, todo será “ayer”.
—Cuánta sabiduría hay en cada uno de los pensamientos que ahí se exponen, pues es bien cierto que debemos tener nuestra atención puesta en nuestro presente, no en el pasado, y no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy.
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