CIUDAD DE MÉXICO, 23 de julio de 2019.- En el Estado de México se aposentó el feminicidio, como un proceder cotidiano que rompe todas las reglas de la convivencia y la cordura. Ya es terrorífico. No hay día o semana en los que no desaparezca una mujer o una niña y sean encontradas poco después, ultrajadas y muertas.

Asesinos seriales han hecho negocio de los cuerpos destrozados. Hombres que matan a sus mujeres y ellos mismos encabezan la protesta para encontrarlas como sucedió hace unos días en Chimalhuacán. Situaciones de espanto ya fuera de toda humanidad.

La exaltación del misogismo ha hecho historia en la vida de los pueblos y en la literatura como algo natural, que hasta el  mismo Shakespeare se da vuelo en La fierecilla domada con los afanes bruscos y groseros que tiene un marido para domar -como si fuera bestia-, a su mujer.

Que se puede decir de ese clásico Las mil y una noches cuyo primer cuento el de Sherezada, encabeza los más de 70 cuentos que se recopilaron por siglos para atribuirlos a la literatura árabe, islámica, pérsica.

Ese cuento es el caso más terrible de odio hacia las mujeres, pero ha pasado por siglos como una de las historias que hay que contar sin profundizar en sus efectos,  aunque  entre ellas estén mencionadas centenares de mujeres que eran asesinadas por el califa. 

La gente se da gusto  relatando la historia de la hábil de la hija del visir, Sherezada, para salvar su vida, contando sucesos al lado de un asesino de  mujeres y la forma como, -al cabo de las famosas mil y una noches-, el califa recapacita, se enamora y se queda con ella y la propia mujer, sin  tomar en cuenta su historial de asesino, vive con él, feliz, para siempre.

El misogismo, pues, y el feminicidio en su expresión extrema, han sido parte de las sociedades y en determinados  momentos considerado como algo natural. Así parece que está ocurriendo en algunos estados, pero se recrudece en el Estado de México.

MÁS DE 8 MILLONES EN SITUACIÓN DE RIESGO INMINENTE: INEGI

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)  repitió en enero pasado, las cifras  más cercanas  que tiene en sus encuestas, ante el hecho de que son cifras que cambian todos los días. El aumento de 3.5 por ciento de feminicidios el año anterior, cambia la cifra clave que ha expuesto de 2007 a 2016 de 22 mil 482 feminicidios.

Los datos que dio a conocer a fines de noviembre pasado con motivo de El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres ( 25 de noviembre), siguen siendo pavorosos y eso que están ya rebasados. 

Las agresiones principales provienen del seno familiar, marido, amante o algún pariente y por fuera, de novios o amigos. De más de 40 millones de mujeres que están o han estado en esa situación, 64 por ciento sufre o ha sufrido violencia severa o muy severa. De más de 12 millones,  8 están en peligro de sufrir una agresión fatal.

Las agresiones van de empujones, golpes, quemaduras, intentos de estrangulamiento, provocación  de hemorragias o abortos, hasta la agresión fatal. Lo que sucede en México, corre parejo con lo que ocurre en buena parte de los países del mundo. I

NEGI pone entre las ocho entidades más violentas para las mujeres, al Estado de México, que  cubre tres de las cuatro acciones reiteradas para agredir. A excepción de la económica, encabeza los datos sobre violencia emocional, sexual y física.

MISOGINIA, AGRESIÓN A DERECHOS HUMANOS Y A LA ECONOMÍA DEL PAÍS

La agresión que se comete contra mujeres no solo atenta contra los derechos humanos fundamentales, es además una afectación económica a las mujeres agredidas y finalmente al país.

De acuerdo a INEGI, la situación de muchas mujeres que tienen que ser atendidas y dejar de laborar  por un tiempo para reponerse de heridas, ha ocasionado  la pérdida de 4 mil 400 millones de pesos al país con la consiguiente pérdida laboral en algunos casos y el problema económico familiar.

Hasta este momento no hay una definición clara del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), para enfrentar el problema en este sexenio. Es urgente que la ponga en practica y la sepamos. Volviendo a la literatura, la inclusión de Bagdad en algunos de los relatos de Las Mil y una noches, se contrapone con la historia medieval de esa ciudad -ahora capital de Irak-, con el califato de la dinatía Abasi a la que perteneció el califa Harún al -Rashid, famoso por haber favorecido un  período de desarrollo  de la ciencia, las artes y la literatura.

La historia que relata Sherezada se coloca en esa fecha, pero otros investigadores señalan que viene desde atrás, antes del siglo VIII cuando vivió dicho califa, llamado Aarón el justo. 

De acuerdo al cuento, es el gobernante Schariar el que al verse traicionado por su mujer, decide asesinar a todas las mujeres de su harem al día siguiente de estar con  ellas y a muchas de su pueblo. Sherezada, hija del visir propone entonces a su padre casarse con el califa y es partir de la primera noche cuando empieza a hilar sus relatos los que no termina para dejar el suspenso para el día siguiente.

Después de tantos siglos y tantas interpretaciones y recopilaciones de esa larga historia en la que destacan Aladino y la lámpara maravillosa, Simbad el marino y Alí Babá y los 40 ladrones -Roberto Louis Stevenson escribió al respecto Las nuevas noches árabes-, el meollo del  primer relato no ha sido expuesto como lo que es: la historia de un feminicida serial en la persona del califa Schariar.

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