
Ilustra Melissa Pérez Segnini colección Cómoda de Pro Femme
A poco más de un mes de haber dejado 2025, año de retos individuales y de reinventarse frente a los obstáculos, pongo en la balanza algunas lecturas que me acompañaron; interesantes, agradables y en un par de casos inolvidables.
Repasar y repensar lo leído se vuelve obligación en un país que todavía lee poco, México, y en el que quizá la mayoría de adultos prefiera las fórmulas de literatura de autoayuda, que no demerito per se, pero que nos alejan de los géneros literarios que son universos encomiables: el cuento y la novela, y la no ficción, con un creciente número de ensayos interesantes en la discusión intelectual del presente.
Leí Hijo de la guerra de Ricardo Raphael, que hace varios años me recomendó el profesor Lorenzo Meyer, entonces mi director de tesis de maestría, para entender el contexto de violencia del México de los últimos años. El libro sigue la historia de Galdino Mellado Cruz, que en las entrevistas con el periodista desde un penal se presenta como uno de los fundadores de los Zetas, cártel conocido por sus métodos de crueldad y que instauró su propia ley en varios estados del país hace más de una década. Mellado, presuntamente abatido en 2014, se presenta como uno de los hombres más leales a una organización criminal que nació de desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército mexicano. En la trama se entrecruzan las vivencias de calle en contextos bravos como Tepito, la incorporación a la vida delictiva y los dilemas de jugarse la vida en una guerra sin ganadores, entre la riqueza y la muerte.
Comprado en un viaje en año previo, leí La trampa del entusiasmo de Ramón González Ferriz, libro que retoma los cambios sustanciales de la década de los noventa para reflexionar sobre sus aportaciones a la vida democrática internacional, así como el entusiasmo que generaron las nuevas redes informáticas y de comunicación en el cambio de siglo, un cambio que se ha acelerado en el siglo XXI. Este libro contribuye a discutir y entender los alcances de una década que para mi generación fue determinante pues en ella transcurrió nuestra niñez; con sueños que se elevaban a la par del surgimiento de una nueva cultura musical, que por cierto el autor trata a su manera retomando el surgimiento de la música indie en España. Es decir, es un libro que discute cambios de gran calado, pero lo hace con perspectiva amplia, complementando la visión sobre las transformaciones políticas, económicas y financieras, con los cambios más amables que produce la convivencia social.
Leí y sobre todo disfruté Travesuras de la niña mala de Mario Vargas Llosa, precisamente en el año que el Premio Nobel de Literatura 2010 partió a otro plano. La narrativa del peruano eminente, que al final de sus días accedió a la Academia de Letras Francesa se prueba en una de sus novelas de sus últimas novelas, donde resalta la nostalgia por una ciudad de París que ya no existe, pero que sirve de escenario para el enamoramiento genuino del protagonista de la novela, Ricardo Somocurcio, traductor en la UNESCO que se enamora desde su natal Miraflores, en Lima, de una mujer que será el imán de su vida: la niña mala. En diferentes momentos de su vida y en una travesía que es un gran paisaje, de París a Londres, de aquí a Tokio, y al final en Madrid, esta relación intensa, basada no solo en el amor, sino en un sentimiento más profundo que implica tropiezos, reconciliaciones y salvación personal, nos revela la búsqueda fundamental de los seres humanos: encontrar una compañía que queremos sentir segura y honesta hasta el final de nuestros días.
También como novela, recomiendo Sumisión de Michelle Houellebecq, que imagina un escenario inédito en la historia política de Francia, el triunfo del candidato de la Hermandad Musulmana, Mohammed Ben Abbes, en las elecciones presidenciales de 2022. Ben Abbes instaura un régimen de orientación islamista, que pronto permea diferentes aspectos de la vida social, como la academia, en donde se desenvuelve el protagonista de esta historia, François, solitario profesor de literatura en la Sorbona. Por cierto, es interesante que Ben Abbes no aparece como el precursor de un conflicto social entre partidarios de diferentes ideologías, sino el resultado de ese conflicto que enfrenta al Frente Nacional de Marie Le Pen, quien es un personaje de la historia, con la opción musulmana, y deja en la irrelevancia a la izquierda tradicional francesa. Por así decirlo, dibuja un escenario en el que los extremos políticos resultan más atractivos para un electorado desilusionado de quienes ya han tenidio la oportunidad de gobernar el país de Victor Hugo, Zola y Flaubert.
Como lo he hecho en los últimos años, leí la Historia de la teoría política de George Sabine, esta vez para exponer sus ideas a mis alumnos de primer semestre en la Universidad Mesoamericana. Fue revitalizante discutirlas con cada una y uno de ellos, pues Sabine entabla un diálogo con los clásicos que sigue formando a los politólogos en diferentes países del mundo y sintetiza mejor que otros comentaristas el pensamiento de autores tan relevantes como Aristóteles, Platón, San Agustín, Maquiavelo y Hobbes.
Leí y debí haber leído más, pero a veces los tiempos no nos dan, sobre todo cuando hay que trabajar y leer cantidad de páginas no necesariamente tan atractivas como los títulos arriba mencionados. En cualquier caso, dejo estas recomendaciones por si a alguien interesan. Por cierto, también leí Nexus de Yuval Noah Harari, que merece una discusión aparte; Aires de familia de Monsiváis, Los amores difíciles de Calvino, entre otros libros que se quedarán en mis recuerdos del último año y vivirán en algunas conversaciones postreras. Y la meta es, como siempre, leer más este año, 2026, que avanza demasiado rápido.