
Impulsa Jara acciones para fortalecer gobernabilidad en Juchitán
Punto de quiebre
Thomas Sowell, economista y filósofo social, ha señalado que muchos problemas surgen cuando las políticas públicas se juzgan por las intenciones de quienes las proponen y no por sus resultados.
La reflexión viene a cuento con el Índice de Competitividad Estatal 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad, IMCO, que analiza la capacidad de las entidades para generar, atraer y retener talento e inversión.
El índice no es solamente una fotografía anual. Es una herramienta para identificar fortalezas, rezagos y áreas de oportunidad. Y ahí está su verdadero valor: convertir información en decisiones.
Una política pública seria comienza por reconocer un problema, diseñar una intervención, medir sus resultados, evaluar lo que funciona y corregir lo que no. En otras palabras: gobernar con evidencia, no solamente con buenas intenciones, discursos o ideologías.
En 2014 tuve la oportunidad de estudiar una maestría en Políticas Públicas en la Ciudad de México y conocer de cerca el análisis de programas como Progresa, Oportunidades y Prospera. Más allá de las posiciones ideológicas, su trayectoria demuestra la importancia de evaluar las políticas públicas para aprender de sus resultados y mejorarlas.
La competitividad sigue esa misma lógica.
Un estado competitivo necesita talento, infraestructura, inversión, empleo formal, seguridad e instituciones capaces de generar confianza. No se trata únicamente de crecer económicamente, sino de convertir esas condiciones en mejores oportunidades para la población.
El ICE 2026 muestra contrastes importantes. Chihuahua mantiene una trayectoria destacada en exportaciones, mientras Querétaro sobresale por el dinamismo de sectores como el automotriz, aeroespacial y de centros de datos.
Al mismo tiempo, Oaxaca y Guerrero se encuentran entre las entidades con mayores rezagos y enfrentan importantes brechas estructurales que limitan su capacidad para aprovechar plenamente sus oportunidades.
Y aquí está el verdadero punto de quiebre:
¿Qué estamos haciendo para que el sur de México deje de ser solamente un territorio con enormes recursos y se convierta en un territorio capaz de generar prosperidad para su gente?
Medir es importante, pero medir sin corregir carece de sentido.
Los datos deben servir para establecer prioridades, diseñar mejores políticas públicas, asignar recursos con inteligencia, evaluar resultados y corregir la ruta.
El verdadero desafío no es saber dónde estamos. Es decidir qué vamos a hacer con los datos obtenidos: convertir información en decisiones, decisiones en políticas y políticas en resultados.
Un gobierno que se jacte de ser serio no se mide por lo que promete, sino por su capacidad para transformar la realidad, lo que significa dar resultados.
Gobernar con evidencia, resultados y visión de Estado; alejarnos del populismo y acercarnos al estadista.
Ese también es un punto de quiebre.