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El bato con botas acaba de reconocer que “se dejó” engañar por sus patrones para que no impulsara el aumento del salario mínimo entre otras de sus pifias, quien le escribía sus discursos ha confesado que el “tomandante” fue intolerante y narcisista empede-rnidoy que el empeñado enterrador del otrora invencible se dejaba conducir en eso de los espiches oficiales ante su ignorancia supina y su chabacanería para referirse a casi cualquier asunto como aquel ya clásico de “no menos, ocho minutos”.
Muestras de lo permisivo de los titulares del ejecutivo federal que a este amanuense le consta al menos desde los setenta del siglo pasado en que verdaderas perlas para el museo del horror caracterizan a los plenipotenciarios presidentes de la república ahora casi convertida lastimosamente en república bananera en que el imperio marca y decide cómo comportarse a los títeres y personeros que simulan gobernar en este país de milagrería.
Sin que necesariamente haya coincidencia en el porqué los ejecutivos a pesar de sus conductas represivas, amenazantes, persecutorias, abusivas del manejo de algunos medios de comunicación y calificativas adversas para quienes expresaron posiciones diferentes y aun críticas a sus formas de administrar el bien público, tuvieron cierta medida para abstenerse de involucrarse en algunos temas y asuntos de carácter nacional, estamos viendo y escuchando que ahora en una especie de sangría oral que desde la más alta tribuna del país lo mismo se pronuncia sobre asuntos graves de gobernabilidad y sobre todo en casos bastante nimios e intrascendentes para su responsabilidad como la vida de alguna o algún cantante, lo que expone un partido diferente a los que la entronizaron, lo que algún empresario tiburón que fue mecenas de su ascenso espeta, la nueva novela dónde está Simón, o incluso ante las atrocidades, corruptelas, pifias y exhibición de sus riqueza no tan bien habidas de sus correligionarios más conspicuos y mediáticos.
Es en este panorama tan sui géneris es que tal vez sería procedente montar altares, ofrendas o lo que se nos ocurra para que sin utilizar esperpentos de la muerte hechos en China, se les reconozca sus atrocidades a los muertos actuales como: Los que transmutan sin ser finados que los chairos vergonzosamente llaman del PRIAN y que hoy conforman lo mas granado de la nomenclatura del partido en el poder y sobre todo deciden en él; los que pululan y espetan por los pasillos de no pocas dependencias estatales que su mayor ventaja es ser parte fundamental de la familia que ya salió de la pobreza y ocupan los cargos más importantes y no parece que al menos en los tres años restantes vayan a ser insepultos; los muertos de desfachatez que en el pasado bastante reciente bloqueaban, secuestraban y protestaban por sus prerrogativas y hoy desde los puestos más decisivos les pintan su calaverita a sus contlapaches y socios acumulando riquezas, propiedades, hoteles y negocios que los acercan a los capitalistas que tanto impugnaron. Las bellas muertas que a pesar de sus inclinaciones y de sus parentescos han cedido a su protagonismo a cambio de dispensar con quien decide hasta el momento; los muertos comparsa que por algunos espacios de sus protectores se exhiben y bailan al son que les tocan con loas al poder; los muertos del olvido que a pesar de entregar sus principios y sus movimientos de las organizaciones que dicen representar son hechos de lado y se cobijan con cualquier opción; los muertos de coraje que pensaron que su entrega y lealtad iba a ser recompensada y que fueron desechados vergonzosamente.
Los muertos comparsa que en cada sexenio manifiestan las “virtudes” y aciertos según su interés que el grupo en el poder les exigen y claro también los desechan; los muertos de risa que no necesitan pintarse de payasos para promover y difundir los “inéditos” y nunca vistos actos y obras de sus patrones; los muertos insepultos que casi cadasexenio se pueden colocar en espacios en donde se descubre el hilo negro, el agua tibia o inversiones que nunca van a tener significancia pero se promuevencomo el ultimo refresco de cola en el desierto. Los muertos chayoteros que se alimentan de sus loas, porras ignominiosas, quema de incienso sin discreción y en completa impunidad, los muertos condescendientes que dicen que puede ser una opción y que terminan dejados de lado si no es que perseguidos; los muertos de pena ajena que bastantesaños después siguen administrando sus favores, loas y medidas que el grupo en el poder en cuestión necesita para justificar su ascenso al poder.
Los muertos insepultos que más temprano que tarde van a lograr que tantos usurpadores y saltimbanquisregresen a la sepultura de la ignominia de donde nunca tuvieron que salir: ¡Aunque el cambio llorona signifique la muerte, no dejaré de quererte!
Gerardo Garfias Ruiz