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OAXACA, Oax. 31 de octubre de 2025.- La construcción de un altar de muertos es un tribuno de amor después de la vida.
Se cree que las almas de quienes nos acompañaron en vida vuelven en esta época y para ello se reciben con un altar.
Es una forma de honrar la vida de quienes físicamente ya no están con nosotros y le ofrendamos lo que en vida le gustaba.

Desde este jueves, en el Mercado 20 de Noviembre, se inauguró una mega ofrenda que permite apreciar con precisión los detalles de este tributo.
Entre pan, chocolate e incienso, los locatarios levantaron un altar que perfuma el aire con flores de cempasúchil y se ilumina con veladoras encendidas.
En los niveles del altar hay también motivos religiosos: la imagen del Niño Jesús y las vírgenes de Juquila y la Soledad, veneradas por el pueblo oaxaqueño.

Aunque es una ofrenda monumental, cada hogar puede replicarla a su manera: con fruta, platillos frescos o calaveras de azúcar o amaranto.
Es cierto que atrae al turismo, pero en esencia es una expresión íntima de memoria, una manera de mantener cerca a quienes partieron.
En el mercado el altar se alza sobre una pared cubierta por un mural que representa al pueblo oaxaqueño.

En las casas puede ser de papel picado.
El del mercado está enmarcado por un arco de flor de cempasúchil que desprende el aroma del campo y que significa una puerta por donde pasarán las almas.
El color naranja, intenso y cálido, parece encender la penumbra del mercado.
En la parte superior, el mural abraza la escena con rostros de hombres y mujeres del pueblo, músicos, devotos y cocineras que miran hacia una figura central que simboliza el espíritu y la fe.

Sin palabras, la pintura narra el vínculo entre lo divino y lo cotidiano.
Los escalones del altar están cubiertos con papel picado amarillo.
En cada nivel descansan veladoras encendidas, frutas frescas, panes de yema, botellas de mezcal, calaveras de azúcar, fotografías y flores.
Las imágenes principales, colocadas en marcos de madera oscura, miran desde arriba como si velaran por todos.

Debajo, los pétalos de cempasúchil forman un camino que guía el regreso de las almas al mercado donde alguna vez trabajaron, comieron o simplemente compartieron un saludo.
Los comerciantes aportaron algo para su construcción: uno trajo las velas, otro las flores, otros las naranjas, los panes o las fotografías.
En este altar, cada ofrenda tiene dueño y significado. Todo proviene de un recuerdo.

Una calavera vestida con rebozo y falda azul sostiene una flor, como quien entrega una promesa; otra, más pequeña, sonríe desde una esquina rodeada de limas, pan y copal.
A su alrededor, los visitantes —locales y extranjeros— observan con respeto.
Algunos se persignan, otros toman fotografías.
El murmullo de los pasillos se mezcla con la música que se escapa desde el fondo del mercado.
El altar del Mercado 20 de Noviembre honra a los que se fueron y a los que siguen poniendo una veladora, un pan, una fruta para recordarles que después de muertos, seguirán amando a sus seres queridos.