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III DOMINGO DE ADVIENTO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
14 DE DICIEMBRE DEL 2025
Tercer domingo del tiempo del Adviento, del tiempo de la espera para la venida del Señor. Hoy, la Iglesia nos invita a alegrarnos por el acontecimiento que ya está próximo, la conmemoración del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Llevamos encendidas tres velas en nuestra corona de Adviento. Hoy, hemos encendido la vela de color rosa y, el sacerdote, hoy también trae una casulla de un color distinto. Esta casulla sólo se usa dos veces al año, dos veces nada más. Hoy, domingo tercero del adviento y en el tiempo de Cuaresma un domingo, nada más, así es que está nueva todavía, no se usa, está nueva.
Signo de la alegría, signo de la alegría, pero vamos preguntándonos, usted, ¿tiene la alegría en su corazón? No me responda en voz alta, no me responda en voz alta, no, no, no, usted respóndase en el silencio, ¿usted siente que tiene la alegría en su corazón? ¿cuáles son los motivos de su alegría? ¿cuáles son? No me vaya a decir, pues es que no tenemos problemas, no nos falta alimento, tenemos lo necesario para vivir, estamos sanos, todos tenemos trabajo, pero otras cosas más profundas que le llenen a usted de alegría, que le llenen de paz, ¿cómo está la relación con Dios? ¿puede levantar su frente para contemplar a Dios o sigue permaneciendo inclinado por su pecado? ¿no ha querido liberarse de lo que impide que Dios viva en su corazón? Porque esa es la verdadera alegría, tener este corazón libre, libre de lo que no nos hace felices, pero según el pensamiento de Dios.
La verdadera felicidad está en experimentar el amor divino, la verdadera felicidad está en dar amor y no negarlo a nadie, esa es la verdadera felicidad.
A veces, decimos que no somos felices, porque hay personas que no nos aman. El amor de ellos no depende de ti, no depende de ti, depende que ellos quieran amarte. Si ellos no quieren amarte, ese no es tu problema, no vas a responder de que las personas no te aman, vas a responder de cómo viviste el amor.
Sé feliz amando, sé feliz amando y nos dice Dios que amemos hasta a nuestros enemigos, para que sea un amor extraordinario, un amor extraordinario. ¿Estás viviendo la alegría de amar? ¿estás viviendo la alegría de perdonar? ¿la alegría de tener misericordia? ¿la alegría de ser sensible ante las necesidades de los demás y de saber compartir? ¿vives la alegría de desprenderte de lo que te cuesta? ¿vives de la alegría de escuchar al hermano? ¿Vives la alegría de motivar, de aconsejar, de orientar al compañero de trabajo? ¿vives la alegría de contemplar a las personas y descubrir el rostro de Dios en ellos? ¿vives esa alegría?
No desaprovechemos nuestro tiempo, disfrutemos lo que hagamos, gocemos haciendo las cosas que tú sabes que le agradan a Dios. Nuestro Señor Jesucristo, en la respuesta que da a quienes fueron a preguntarle si Él era el que teníamos que esperar o hay que esperar a otro, si Él era el Mesías, les responde diciendo, vayan y hablen y digan lo que ustedes oyen y lo que ustedes ven. Se proclama el Evangelio, se anuncia la Palabra de Dios, y hay signos muy claros de la presencia del Mesías, los ciegos ven, los sordos oyen, los mudos hablan, los muertos resucitan, los paralíticos caminan, los leprosos son sanados y se anuncia a los pobres la buena nueva.
Vayan a decir eso, con esto, Nuestro Señor nos dice cuánta alegría hay en los que reciben esas bendiciones, cuánta alegría ha vivido usted cuando, probado en el dolor y el sufrimiento sana, se siente sano y va al encuentro de Dios para decirle, gracias, me probaste en la enfermedad, no me dejaste solo, sentí Tu presencia y Tu fuerza sanadora y, ahora, vengo a decirte, gracias, gracias.
Aquí viene a mi mente, hace unos domingos, una mamá me dijo que su niñita estaba comenzando a ver, comenzando a ver, que estaba sanando, porque estaba cieguita, no veía y que, poquito a poquito, ya estaba mirando, estaba viendo y daba gracias y me platicaba, me platicaba, con alegría, con gozo, cuántos de nuestros hermanos no nos han platicado, ya sané, ya estoy bien. Cuántos no nos dicen, voy a tener un momento difícil, una cirugía, pida a Dios por mí para que salga bien y para que pronto me recupere y con qué alegría nos platican, ya estoy bien, todo salió bien, me siento bien.
A seguirse llenando de alegría, pero hay muchas enfermedades que Dios, a través de usted, puede sanar. Cuánta persona en nuestro tiempo camina con tristeza, con desilusión y desencanto, cuántos y ¿por qué? Porque no ha podido encontrarse con alguien que le escuche, que le comparta sus tristezas y sufrimientos. Cómo me gustaría que usted se pudiera encontrar con alguien así y que Dios hiciera Su obra de sanación a través de usted, no porque usted tenga el poder de curar, el poder es Divino, pero Dios le necesita a usted porque esa persona va a sanar, porque va a compartir su experiencia de vida, porque le va a platicar de sus sufrimientos y de su dolor y usted le va a escuchar con la ternura y con el amor y, en algún momento, Dios mismo va a poner palabras en sus labios para que le anime, para que le llene de ilusión y de esperanza, para que la persona se sienta liberada de lo que carga en su interior. Usted le puede liberar de su soledad, de su angustia, de su desilusión, usted lo puede hacer, pero a veces no queremos dedicar algo de nuestro tiempo en favor de los demás, no queremos.
Hay muchas personas que necesitan, que necesitan. Hay muchos padres de familia que le necesitan a usted porque sufren por la desorientación de sus hijos, por el desorden del caminar de sus muchachitos. Consuélelo usted con una palabra, vaya a decirle que va a estar unido a él en oración por su hijo, vaya a decirle, en ese momento de diálogo, porque tal vez le diga, no sé qué hacer para ayudarte, pero voy a rezar, voy a rezar, voy a encomendarte a Dios, voy a pedir por tu familia, voy a pedir por tu hijo.
A mí me dicen, Padre, pida por mi hijo, anda muy mal, anda muy mal y los he visto llorar, mi hijo anda muy mal, pida por él. Inmediatamente hay que decirle a Dios: Señor, me están encomendando oración, pido y seguiré pidiendo, te seguiré encomendando esto que me han pedido y que Tú sabes muy bien y Tú eres el que tiene el poder de sanar, de liberar, de reorientar la vida de alguien, Tú tienes ese poder, Señor, aplícalo en esta persona, en este hijo que ha causado tanto dolor y sufrimiento a sus padres. Ayúdale a reorientar su vida, ayúdale a salir de este vicio, de esta esclavitud, ayúdale para que sea un hombre libre. Su oración va a tener la fuerza y tal vez en el futuro se encuentre a ese padre y esa madre que le platicó y le diga: mi hijo ya está bien, ya no se envicia, ya vivimos felices en casa y usted se pondrá feliz también.
Hay que alegrarnos y hay que alegrar a los hermanos. El Señor alegró con la sanación, el Señor sigue alegrando sanando, se vale de nosotros, prestémosle nuestro ser, nuestra persona para que Él haga Su obra.
Dios bendiga esta tercera semana del Adviento, Dios lo bendita.
Sigamos disfrutando quienes vivimos aquí en Oaxaca, pues seguimos de fiesta, andamos de fiesta en fiesta. El 8 celebramos fiesta en Juquila, el día 12 celebramos fiesta en el Santuario y el próximo jueves celebramos fiesta en la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, ¿qué más queremos?, fiesta, fiesta y fiesta y la fiesta es alegría y hacemos fiesta a la Madre de Dios, que fue Inmaculada desde su concepción, que se dignó venir a nuestra tierra de México y que estuvo al pie de la Cruz para recibirnos a todos nosotros como sus hijos. Disfrutemos de la próxima fiesta, ya andan en fiesta. No se le olvide que hay un día de calenda, eh, nos encantan las calendas a los oaxaqueños, nos encantan, nos encanta salir a la calle, escuchar la alegría de la música y los que todavía se mueven tantito pues a moverse, a moverse, calenda, calenda, fiesta, alegría, gozo y todo por Nuestra Madre de la Soledad.
Que Dios nos bendiga, le bendiga a usted y que tenga un feliz domingo. Qué alegría podernos encontrar aquí, qué alegría escuchar la Eucaristía, qué alegría escuchar la Palabra de Dios, qué alegría abrir el corazón para que Dios haga Su obra, qué alegría que usted sea pobre de espíritu, qué alegría que usted viva aquí la humildad y la sencillez de corazón para que Dios haga obra santificadora en su persona.
Me alegro por ello, gozo y disfruto con usted la celebración de este domingo, bendiciones para todos y que Nuestra Madre nos siga acompañando en nuestro caminar.
Que así sea.