
Muere Didier López Carpio, pintor y escritor de Ciudad Ixtepec
Las Batallas
En una coyuntura histórica, marcada por la presión permanente de un gobierno extranjero sobre México, la presidenta Claudia Sheinbaum endureció el tono.
Primero echó mano de toda la carga simbólica del Grito de Independencia y luego se plantó frente al corazón político del país para lanzar una serie de mensajes que, leídos con atención, apuntan directamente hacia los más férreos adversarios de su proyecto de nación… dentro y fuera del país.
Los actos por el 216 aniversario del inicio de la Independencia Nacional no fueron sólo conmemorativos.
Hubo política, destinatarios y mensaje. La Presidenta recurrió a la historia para señalar a quienes, como ocurrió en el pasado, buscan respaldo externo para disputar el poder interno y advirtió que México no sucumbirá ante ninguna nación, por poderosa que sea. No fue sólo retórica.
La advertencia política fue clara. Los presidentes de México han dado su propio sello a cada conmemoración de la Independencia.
El ceremonial permanece prácticamente inalterable: la Bandera, la Campana de Dolores, los héroes y ahora las heroínas nacionales, el Balcón Central de Palacio Nacional, el Zócalo y, al día siguiente, el poderío de las Fuerzas Armadas desplegado sobre Paseo de la Reforma.
Pero las palabras cambian. Y también las circunstancias. La presidenta Sheinbaum llegó a estas fiestas patrias en un momento particularmente sensible de la relación con Estados Unidos, después de meses de presiones en materia de seguridad, narcotráfico, migración y comercio, además de señalamientos contra cuadros de la 4T. En ese contexto, decidió colocar una palabra por encima de todas las demás: soberanía.
Durante la ceremonia del Grito, la noche del martes, Sheinbaum elevó el tono de la arenga ante los miles que colmaron el Zócalo de la Ciudad de México y, desde el Balcón Central de Palacio Nacional, cerró: “¡Que viva México libre, independiente y soberano!”, ese fue el primer mensaje, por el simbolismo que encierra toda la ceremonia.
Y ayer, a media mañana, después de los discursos de sus dos jefes militares —el general secretario de la Defensa Nacional y el almirante secretario de Marina—, la Presidenta entreveró pasado y presente para poner sobre la mesa las presiones que hoy enfrenta México.
Sheinbaum recurrió a la historia para recordar que México nació y sobrevivió enfrentando intereses extranjeros. Habló de la Guerra de los Pasteles, de la invasión estadounidense de 1846 y de la intervención francesa; episodios que durante el siglo XIX pusieron en riesgo la existencia misma de la República.
También recuperó a José María Morelos y aquella advertencia dirigida a quienes, desde dentro, buscaban apoyos externos: “abrid los ojos, americanos, no os dejéis engañar por nuestros enemigos, son políticos que veneran al dinero, sus amenazas buscan únicamente la opresión”.
La referencia no fue menor. Sheinbaum recordó además la confrontación que atravesó al México del siglo XIX entre dos proyectos de nación: el conservador, centralista y monárquico, que terminó buscando respaldo extranjero e imponiendo a Maximiliano de Habsburgo; y el liberal y republicano, que defendió la República frente a la intervención francesa.
“Tampoco hay que olvidar, porque la memoria es el alma de los pueblos libres, que durante todo el siglo XIX, tal como ocurre en el presente, dos proyectos de nación se disputaban: por un lado, un bando, el conservador de corte centralista y monárquico, que en su desesperación aplaudió la bota extranjera y trajo a Maximiliano de Habsburgo.
“El otro, el de ideas liberales, republicanas y de justicia social, que prefirieron dar la vida antes que rendirse. Aunque algunos quisieran lo contrario, México no se explica sin su pueblo noble, valiente y trabajador. Tampoco se explica sin su lucha constante por la soberanía y la independencia”.
Fue la historia utilizada como un contundente instrumento del presente. El mensaje presidencial llegó en momentos en que desde Estados Unidos se mantiene una fuerte presión sobre México (política y comercial) detonando un debate en torno a la lucha contra los grupos criminales y al que se han montado sectores de la oposición para cuestionar y desgastar al gobierno de la 4T.
Sheinbaum ha marcado reiteradamente su posición: cooperación sí; subordinación, no. Apenas la semana pasada volvió a sostener públicamente que la soberanía mexicana “no se negocia”, y ayer -el escenario de mayor simbolismo nacional: el Zócalo de la Ciudad de México- ante los representantes de los poderes Legislativo y Judicial, frente a la sociedad y las Fuerzas Armadas, plantó cara a sus adversarios: “México no será nunca colonia ni protectorado de nadie, México no se doblega, no se arrodilla, y México nunca se vende, ¡Que viva la Independencia!”
Así, la ceremonia militar adquirió inevitablemente una dimensión política que cruzó las fronteras. No porque México esté frente a una amenaza militar extranjera -plantearlo así sería una exageración-, sino porque el gobierno de Sheinbaum decidió utilizar la principal celebración cívica del país para establecer públicamente los límites de su relación con el exterior. Cada Presidente ha utilizado septiembre para hablarle a su tiempo.
A Claudia Sheinbaum le corresponde hacerlo cuando México enfrenta una compleja relación con su principal socio comercial y vecino, mientras Washington exige más resultados pese al nivel de cooperación bilateral alcanzado.
Por eso, quizá la frase más importante pronunciada ayer no estuvo en la descripción del desfile ni en el recuento histórico. Estuvo en una definición política de apenas tres palabras: México nunca se vende. Y esa frase, en el México de 2026, tuvo destinatarios. Dentro y fuera del territorio nacional.
RADAR SE MUEVE EL TABLERO EN QUERÉTARO. Luis Nava buscará la gubernatura y pone sobre la mesa una señal de congruencia al separarse del cargo como secretario de Desarrollo Social. A días de que comiencen las definiciones rumbo a la sucesión del panista Mauricio Kuri, las piezas empiezan a acomodarse. Y en política los movimientos dicen mucho antes de que lleguen los anuncios. Un saludo para mis amigos de Quadratín