CIUDAD DE MÉXICO, 30 de junio de 2020.- A todos los gobernantes del mundo le incomodan los periodistas. Sólo los grandes saben acercarse y mantener una relación fluida, porque se necesitan mutuamente.

Francois Mitterrand y John Kennedy, para citar a dos presidentes extranjeros y difuntos, fueron grandes interlocutores de los medios y se acercaron a los más brillantes periodistas de la segunda mitad del siglo pasado. Tenían un nivel similar.

Nuestro presidente ha enseñado que está a la altura de Lord Molécula.

O a ese nivel lo ha puesto la perfidia de su vocero, Jesús Ramírez Cuevas.

Le conocemos amistades más inteligentes en los medios, pero Obrador exige subordinación de tiempo completo.

El presidente no se reúne a discutir y a defender sus políticas con periodistas de El Universal Reforma, o Nexos Letras Libres. Ni siquiera a escuchar qué piensan los que, para bien o para mal, contribuyen a formar opinión.

El presidente no se reúne a discutir y a defender sus políticas con periodistas de El Universal Reforma, o Nexos Letras Libres. Ni siquiera a escuchar qué piensan los que, para bien o para mal, contribuyen a formar opinión.

Se siente a disgusto con personas preparadas. Sólo admite incienso. Puro Lord Molécula, pues. (Igual ocurre entre sus colaboradores. Los que saben se callan, pues administran sus aspiraciones políticas personales).

Ayer a ese pobre cristiano que se presenta como Lord Molécula le encargaron que calumniara al periodista Ciro Gómez Leyva en la conferencia matutina, y así dio lugar a que el presidente soltara una prolongada descarga de insultos contra los medios.

Micrófono en mano, dijo el que se sienta en la primera fila de la prensa: «estos voceros del régimen neoliberal, presidente, están rebasando la línea de la libertad de expresión». Pidió echarles Gobernación encima.

El titiritero de Lord Molécula es Jesús Ramírez Cuevas, vocero del presidente. Eso piensan de los periodistas y de los medios en Palacio Nacional.

Como apuntó ayer Julián Andrade: «Los payasos que por las mañanas leen (o tratan de hacerlo) preguntas, para dar pie al ataque contra periodistas no son simpáticos, son una muestra de la descomposición de un poder y su rostro autoritario. Son heraldos de una oscuridad que avanza».

Andrés Manuel no frena al narco, que mata, distribuye drogas, tortura, extorsiona, secuestra, decapita a seres humanos… pero le declara la guerra a los medios que señalan los desastrosos resultados de su gestión en economía, salud y seguridad.

Los quiere asfixiar económicamente y destruir por la vía del descrédito.

En las conferencias matutinas no toca al Mencho, ni al Cártel del Pacífico, ni a las bandas criminales.  A medios de comunicación sí.

Tiempo le sobra para denostar, él o a través de los títeres del vocero, a los periodistas. También la emprende contra intelectuales, como hizo ayer con Jorge Castañeda porque dijo que Pochutla es feo. Y se siguió con Leo Zuckerman y Héctor Aguilar porque al parecer se rieron del comentario de Castañeda.

Ahí están su atención y preocupaciones.

Esas prioridades se reflejan en sus acciones de gobierno. Sólo actúa contra grupos delictivos cuando lo presiona el gobierno de Estados Unidos. El bloqueo de fondos a empresas y personas ligadas al CJNG, no fue iniciativa de su administración.

Al día siguiente de que la Unidad de Inteligencia Financiera informó del congelamiento de cuentas bancarias del cártel, el presidente aclaró que fue a petición de la DEA.

La batalla para que el CJNG no se apodere del hampa en la Ciudad de México ha sido una lucha personal de Omar García Harfuch, respaldado por Claudia Sheinbaum.

Esa es la razón por la cual lo quisieron matar a él, y no a otros. El tema del narco no está en el radar del presidente.

Sí lo están, en cambio, los periodistas y los medios.

Para él son perros que «muerden la mano que les quitó el bozal», según dijo en una conferencia matutina.

Desde su gabinete se acusa de «sicarios» a periodistas, como se expresó la secretaria de la Función Pública luego de un reportaje del equipo de Carlos Loret.

Una batería de cartonistas militantes reducen al papel de miserables a los periodistas que Andrés Manuel López Obrador toca con sus latigazos de amargura.

Algún día va a ocurrir una desgracia derivada de sus palabras y la forma corrosiva en que permean sus ofensas hacia los que no piensan como él. Lo sabe, pero no le importa.

Su gobierno está descompuesto. Se expresa al nivel de Lord Molécula.