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Descomplicado
¿Cómo voy a culpar al viento del desorden que hizo, si fui yo quien abrió la ventana?, escribió el poeta Mario Benedetti, y esa expresión aplica en la que fue llamada: La marcha de la Generación Z.
A la marcha del 15 de noviembre en todo el país se sumaron, en datos conservadores, más de 60 mil personas.
En el Zócalo de la Ciudad de México asistieron 17 mil personas, (reporte del Gobierno de la CDMX), más otras 40 mil -aproximadamente-, en estados como Michoacán, casi 20 mil, la mitad en Morelia, y la otra mitad en municipios como: Uriangato, Zamora, Lázaro Cárdenas, Sahuayo y Coahuayana; Jalisco, 20 mil en Guadalajara, (Fuente: Protección Civil municipal); Estado de México y Morelos, tres mil en cada entidad; Guanajuato, tres mil, en ciudades como León, Irapuato, Celaya y Guanajuato capital.
También en Zacatecas, San Luis Potosí, Tlaxcala, Guerrero, Durango, Nuevo León, Oaxaca, Chiapas y Colima, entre otros.
Lo que empezó como una convocatoria en redes sociales de la Generación Z, a manifestarse por la aprobación de un impuesto del 8% a los videojuegos considerados: violentos o para adultos, se transformó en el receptáculo de descontento social alentado por varios factores como: La violencia en México, cuyo símbolo principal de lucha ha sido el movimiento del sombrero, en honor a Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, (asesinado el 1 de noviembre pasado).
Pero a las manifestaciones se unieron grupos de madres buscadoras, trabajadores del sector salud que demanda medicamentos e insumos básicos, y estudiantes.
Lamentablemente, en la manifestación de la Ciudad de México, se exhibió exceso de fuerza de la policía local para contener a mujeres y hombres jóvenes; también de forma extraña, arribó un pequeño grupo de encapuchados haciendo desmanes, suficiente para que la presidenta Claudia Sheinbaum calificara la manifestación como una manipulación orquestada desde la oposición, pagando millones de pesos en campañas de redes sociales y bots para manipular a la opinión pública.
La presidenta declaró que, detrás de la movilización, está la mano de los organizadores de la otrora marea rosa, liderazgos del PAN y otros partidos.
Expresó: “la violencia en México no les va a ayudar, en México la gente no quiere acciones violentas”, e insistió al referir que: el pueblo y la mayoría de los jóvenes están con la transformación.
Pero la pregunta de fondo es: ¿Cómo llegamos a este descontento social, cuando han pasado siete años de gobiernos de la 4T, donde ya no alcanza la justificación de que se les entregó un país hecho pedazos en materia de seguridad, corrupción e impunidad.
Al margen de que algunos reclamos de la presidenta tienen una carga de verdad, principalmente contra partidos de oposición que no tienen rumbo ni claridad para ser el contrapeso fuerte y responsable que necesita México, la realidad es que el asesinato de Carlos Manzo y el movimiento del sombrero, las y los miles de desaparecidos, la percepción de inseguridad que agobia a madres y padres de familia, a jovenes y menores, la falta de medicamentos, la desesperación de agricultores por salvar sus cosechas y sobrevivir, las extorsiones, el miedo de transportistas que son asaltados en carreteras federales y estatales, así como la impunidad casi total en este país, alientan a manifestarse y exigir gobernabilidad.
El gobierno federal abrió la ventana y siete años después, se sigue quejando del desorden que hizo el viento.