OAXACA, Oax. 18 de noviembre de 2019.- La portada de Vogue México de diciembre, volvió a sorprender rompiendo estereotipos, al hablar de los muxhes de Juchitán, Oaxaca, a quienes cita como el tercer género que vive en México desde tiempos inmemoriables.

El texto escrito por Karina González Ulloa fue difundido este 18 de noviembre y causó furor, en adelanto a lo que será el contenido de la revista impresa.

Estrella, un muxhe retratado por el británico Tim Walker, será la portada de Vogue México.

En enero de este año, los rasgos indígenas de Yalitza Aparicio vistieron la portada de la revista, que rompió récord en ventas.

También han estado personalidades como la corredora rarámuri Lorena Ramírez y Abigail Mendoza, la cocinera oaxaqueña que también ha trascendido por sus guisos zapotecas.

Aquí parte del texto:

Hay un México bárbaro que a todos nos da miedo‘. El artista Francisco Toledo estaba en lo cierto cuando lo dijo, pero si hay algo que caracteriza a nuestra tierra es su dualidad. Ante nosotros, vemos un México en el que queremos cerrar los ojos, del que se habla en susurros, así como otro que nos emociona con solo contemplarlo tan revestido de talento y colores, una polifonía de elementos que, de juntarse, crearían un titán de interesante complexión. Caminar por México es maravillarse a cada momento, particularmente si se decide hacer una parada en un lugar que amó este artista: Juchitán de Zaragoza, Oaxaca (de dónde son los muxes).

El tiempo, las conquistas e incluso las tragedias naturales han pasado por este territorio zapoteca que se esconde entre los montes, en el que viven personas que se rehúsan a caer desde tiempos prehispánicos. Aquí los minutos transcurren de una forma muy distinta: sientes cómo el calor se apodera gentilmente de cada centímetro de tu cuerpo, sales de tu casa para descubrir que el simple hecho de dar unos cuantos pasos hace que tus pies se fundan con su tierra fértil, alzas la mirada, y no muy lejos de ti, descubres que en la banqueta de tu vecina hay una persona que sobre una base de madera apoya un gran fragmento de terciopelo hasta estirarlo, y que con la más sagrada de las delicadezas va dibujando poco a poco flores sobre la tela.

Una de las esquinas de la base tiene hilos de colores que van de par en par atravesando una aguja ‘capotera’ para transformarse en puntadas que van al unísono de esa ligera brisa que se siente en el aire. La persona que se encarga de esta perfecta ejecución es un hombre lánguido con unos huaraches de cuero, shorts largos de lino y una guayabera tan blanca como sencilla, que contrasta con su piel tostada por el sol y una melena tan negra como el carbón con rizos perfectamente imperfectos que se mueven a la par del viento. Siempre sonríe, sus movimientos sutilmente femeninos lo definen, es un muxe (o muxhe): un tercer género que vive y se expresa libremente en este lugar.

Los muxes han existido en esta tierra desde tiempos prehispánicos, bordando con exquisita perfección una parte de las muchas tradiciones que conforman este lugar, considerado cuna de insurgentes.Sin importar la concentración y la dedicación que tenga en este trabajo, cada vez que pasa alguien mayor cerca de su banqueta, alza la mirada y el cuerpo para presentar un saludo lleno de respeto; así nos lo han enseñado. Después continúa con amor cada una de las puntadas que definen esa tela, que al verla en la cotidianidad te da una idea de los pétalos y los colores que la componen.