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CIUDAD DE MÉXICO, 4 de noviembre de 2026.- La victoria del Partido Demócrata en las elecciones intermedias de Estados Unidos representa un revés político para el presidente Donald Trump, pero no significa que México obtendrá beneficios económicos inmediatos ni que desaparecerán las presiones en materia de seguridad.
El académico del Departamento de Estudios Empresariales de la Ibero, Gerardo Herrera, advirtió que el nuevo equilibrio de fuerzas en el Congreso estadounidense podría modificar la relación política con la Casa Blanca, aunque las prioridades de los demócratas seguirán concentradas en los problemas internos de su país.
“Una victoria demócrata no es una victoria mexicana”, sostuvo el especialista, quien estuvo en Nueva York durante la jornada electoral del 3 de noviembre.
Los demócratas consiguieron el control de la Cámara de Representantes y el Senado, cuyas nuevas mayorías asumirán funciones en enero de 2027. Este resultado modifica el panorama para la segunda mitad del mandato de Trump, aunque el mandatario conservará facultades importantes en política exterior y comercial.
Herrera explicó que los electores estadounidenses votaron principalmente por preocupaciones relacionadas con el costo de vida, la inflación y los precios de los combustibles, no por un interés particular en mejorar las relaciones con México.
“No somos prioridad para los demócratas”, afirmó al señalar que cualquier beneficio económico para nuestro país podría ser una consecuencia indirecta de las decisiones que adopten para atender a sus propios ciudadanos.
Uno de los principales asuntos pendientes será el futuro de los aranceles impuestos por Trump, cuya eliminación no ocurriría automáticamente con el cambio de mayorías legislativas.
El académico señaló que, mientras el presidente cuenta con facultades ejecutivas para adoptar determinadas medidas comerciales, el Congreso debe recurrir a procedimientos legislativos que requieren negociación y tiempo.
Además, los demócratas no cuentan con las mayorías de dos tercios necesarias en ambas cámaras para superar por sí solos un eventual veto presidencial.
“El clima político en Estados Unidos cambia, pero justamente va a cambiar más rápido que lo que cambian los aranceles”, explicó.
En materia de seguridad, Herrera anticipó menos modificaciones, debido a que tanto demócratas como republicanos consideran prioritarios el control fronterizo y el combate al crimen organizado.
“Si puede haber diferencias en política económica, en seguridad no las hay”, indicó.
A su juicio, las exigencias hacia las autoridades mexicanas podrían continuar con un discurso menos confrontativo y mediante canales diplomáticos, pero sin cambios sustanciales en los objetivos estadounidenses.
Respecto al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), destacó que la revisión del acuerdo vigente seguirá bajo la conducción de la administración de Trump.
Precisó que revisar el tratado no equivale a negociar uno nuevo, proceso que tendría implicaciones legislativas diferentes y podría dar mayor influencia al Congreso estadounidense.
El especialista también consideró prematuro interpretar la derrota republicana como el principio del fin del movimiento político de Donald Trump.
“El trumpismo va a sobrevivir a Trump”, sostuvo Herrera, al advertir que las posiciones proteccionistas y las exigencias en materia fronteriza podrían mantenerse en la política estadounidense incluso después del actual gobierno.
Para México, concluyó, el nuevo escenario ofrece posibilidades de cambio en la relación bilateral, pero no garantiza soluciones inmediatas a las diferencias económicas, comerciales y de seguridad entre ambos países.