
EU acumula pruebas de narcopolíticos
OAXACA, Oax. 18 de agosto de 2026.- Hablar de universidades es hablar de instituciones que han acompañado los grandes cambios de la sociedad. En sus aulas no solo se transmiten conocimientos y se forman profesionistas; también nacen ideas, investigaciones, pensamiento crítico y proyectos capaces de modificar la realidad. Una universidad cobra verdadero sentido cuando el conocimiento que genera logra salir de sus espacios y convertirse en una herramienta para mejorar la vida de las personas, fortalecer las comunidades indígenas, pueblos originarios y afromexicanos y abrir nuevas formas y posibilidades de desarrollo.
Frente a transformaciones sociales, económicas, tecnológicas y culturales cada vez más aceleradas, la educación superior enfrenta una responsabilidad creciente. Ya no basta con preparar profesionistas técnicamente competentes. También es necesario formar personas capaces de comprender su entorno, cuestionar sus problemas y participar en la construcción de soluciones.
En Oaxaca, esta reflexión adquiere un significado particular. La riqueza cultural, la diversidad lingüística y las profundas diferencias sociales y territoriales del estado hacen indispensable contar con instituciones vinculadas con su realidad. En este escenario, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO) ocupa un lugar fundamental.
A casi doscientos años de sus orígenes, hablar de la UABJO es también hablar de una parte importante de la historia de Oaxaca. Su trayectoria permite observar cómo una universidad puede convertirse no solamente en un espacio de formación profesional, sino también en un referente de conocimiento, cultura, movilidad social y vida pública.
Desarrollo
Una universidad transforma mucho antes de que sus estudiantes reciban un título. Lo hace cuando abre oportunidades de acceso al conocimiento, cuando una investigación ayuda a comprender un problema o cuando una persona encuentra en la educación la posibilidad de cambiar el rumbo de su vida y de ser útil a la sociedad.
El valor de una institución de educación superior no debería medirse únicamente por el número de estudiantes que recibe o los títulos que entrega. También importa lo que ocurre después: cuántos conocimientos regresan a la sociedad convertidos en mejores servicios, nuevas empresas, investigaciones, proyectos culturales, políticas públicas, innovación o defensa de derechos.
Esta capacidad adquiere una relevancia especial en las universidades públicas. Para muchas familias, el ingreso de uno de sus integrantes a la universidad puede representar un cambio y mejora sustantiva que se extiende durante generaciones. Una carrera profesional, una beca puede modificar las condiciones económicas de un hogar, pero también ampliar expectativas y transformar la relación de una familia con la educación.
La universidad también transforma cuando enseña a pensar. En una época marcada por una enorme cantidad de información y por cambios cada vez más rápidos, aprender a cuestionar, contrastar fuentes y construir argumentos se vuelve una herramienta indispensable. El pensamiento crítico puede ser tan importante como cualquier conocimiento técnico.
A esta función se suma la investigación, la cual permite comprender problemas, identificar sus causas y plantear alternativas. Cuando una universidad estudia las condiciones de salud de una comunidad, la preservación de una lengua, el funcionamiento de una institución o las posibilidades productivas de una región, el conocimiento comienza a relacionarse directamente con la realidad.
En Oaxaca esta relación tiene un significado especial. Las necesidades de la Mixteca no necesariamente son las mismas que las de la Sierra, el Istmo, la Costa, el Papaloapan, la Cañada o los Valles Centrales. Una universidad vinculada con su territorio necesita reconocer esas diferencias y construir puentes con las comunidades.
Por eso, la educación superior puede convertirse en uno de los principales motores de transformación social. Su fuerza aparece cuando el conocimiento deja de ser únicamente un beneficio individual y comienza a multiplicarse en la sociedad.
La UABJO: casi dos siglos de educación y transformación
Hay instituciones cuya historia termina por entrelazarse con la historia del lugar al que pertenecen. La UABJO es una de ellas.
Su antecedente directo, el Instituto de Ciencias y Artes del Estado, surgió a partir de la Ley de Instrucción Pública de 1826. Desde sus primeros años ofreció estudios en áreas como Medicina, Derecho, Economía Política, Física, Geografía, Matemáticas y Ética, entre otras. Su creación ocurrió en los primeros años del México independiente, cuando construir espacios dedicados al conocimiento era también una forma de construir nuevas instituciones para el país.
Por sus aulas pasaron figuras que posteriormente tendrían una presencia fundamental en la historia nacional, entre ellas Benito Juárez y Matías Romero. La trayectoria de Juárez representa de manera especialmente clara el poder transformador de la educación: aquel joven zapoteca que encontró en el estudio una oportunidad que terminó convirtiéndose en una de las figuras centrales de la vida política que transformó el Estado de México.
Sin embargo, el verdadero alcance de dos siglos de historia no puede limitarse a sus personajes más reconocidos. Generaciones de médicos, abogados, docentes, investigadores, artistas, servidores públicos y profesionistas han llevado la formación recibida en la Universidad a hospitales, escuelas, tribunales, instituciones públicas, empresas y comunidades.
La UABJO también se transformó con el paso del tiempo. En 1955, el antiguo Instituto cambió oficialmente de rango para convertirse en la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca, adoptando una nueva organización académica basada en escuelas interdependientes. Años más tarde, en agosto de 1971, durante el rectorado de Mario Pérez Ramírez, recibió formalmente el carácter de autónoma, consolidándose desde entonces como la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO).
Hoy, esa historia continúa teniendo un peso importante. En 2026 la UABJO reportó una comunidad estudiantil de más de 26 mil alumnos, lo que permite dimensionar la presencia que mantiene dentro de la educación pública de Oaxaca. Pero detrás de esa cifra existen miles de proyectos de vida y familias que continúan viendo en la Universidad una posibilidad de un futuro mejor.
Conclusión
Hablar de las universidades como motores de transformación es reconocer que su influencia va mucho más allá de las aulas. Una universidad transforma cuando abre oportunidades, cuando genera conocimiento y cuando aquello que se aprende dentro de ella regresa a la sociedad convertido en servicio, investigación, innovación, cultura o desarrollo en prode los que más lo necesitan.
En Oaxaca, esta responsabilidad adquiere una dimensión especial. Las características sociales, culturales y territoriales del estado hacen indispensable contar con instituciones capaces de comprender su diversidad y responder a sus necesidades.
La historia de la UABJO permite observar esa relación entre educación y transformación. Durante casi dos siglos ha formado generaciones que posteriormente han participado en distintos ámbitos de la vida de Oaxaca y de México. Su legado no se encuentra solamente en personajes históricos o edificios emblemáticos, sino también en las miles de personas que han llevado los conocimientos adquiridos en sus aulas a sus comunidades y espacios profesionales.
Llegar al bicentenario representa una oportunidad para reconocer ese camino, pero también para mirar hacia adelante. En temas como Inteligencia artificial, desigualdad social, pluralismo juridico, cambio climático, nuevas formas de trabajo y transformación digital serán algunos de los desafíos que marcarán el futuro de la educación superior.
La pregunta, entonces, no es únicamente qué ha significado la UABJO para Oaxaca durante casi doscientos años, sino qué queremos que signifique durante los próximos cien o doscientos.
Porque el verdadero legado de una universidad no se mide solamente por cuánto tiempo ha existido, sino por cuánto ha sido capaz de transformar e impactar en la realidad social y por cuánto seguirá siendo capaz de impulsar los cambios sociales que el estado y país necesitan.
Fuentes.
Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. (2024). Plan Institucional de Desarrollo UABJO 2022–2026, visión 2030. https://www.uabjo.mx/media/1/2024/05/PID_UABJO_22_-_26_ACTUALIZADO_23_MAY_2024.pdf
Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, Dirección General de Educación Media Superior. (2022). Manual de bienvenida 2022. https://dgems.uabjo.mx/media/10/2022/12/MANUAL_DE_BIENVENIDA_2022.pdf
Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, Dirección General de Educación Media Superior. (s. f.). Historia. https://dgems.uabjo.mx/historia