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¿Lealtad a quién?
Oaxaca, Oax. 1 de agosto 2012 (Quadratín).-
A Fernando Figueroa
___¡Qué bien andaba!
Tres de la mañana en el andador turístico de puerto Escondido. A esta hora del amanecer algunos perros deambulan por las calles, los pescadores preparan sus lanchas en la playa, las mujeres prenden el fogón y el doctor Petrolowski pone agua a hervir en la estufa para hacer sus gelatinas. Mientras se acerca el punto de ebullición escucha algunas arias de ópera, donde sobresale Gaetano Donizetti con Una furtiva lágrima, y Schubert con Ave María.
Los vecinos del doctor Petrolowski conocen su afición por la música, y por el escándalo saben la hora en que despierta. La esposa del doctor, una abnegada costeña, abrirá los ojos más allá de Giuseppe Verdi, cuando la gelatina esté en los pequeños vasos de plástico, con todo y cuchara de madera, lista para su venta en los patios de la escuela primaria de la colonia. Será antes que el sol reviente en el horizonte la línea que hay entre el mar y el cielo el momento en que el doctor inicie su recorrido por las calles del puerto.
A unos metros de llegar al andador turístico pasará a la casa del capitán Garibo, hombre de mil batallas en tierra y mar, gran conocedor de lenguas extranjeras y mujeriego empedernido que cuenta más de sesenta hijos en algunos de los puertos de este mundo.
En la playa algunos pescadores zarparon ya mientras que otros decidieron fondearse bajo un almendro para resistir la resaca. El doctor y el capitán se arriman a ese grupo de desesperados que miran el mar como si trataran de indagar el futuro de sus días.
Una botella de ron, a esa hora de la mañana, es buena. Pero si la resaca es grande por los acantilados de la humanidad lo mejor será un trago de mezcal. Si los astros son benignos con los náufragos alguien alargará la mano con una botella de vodka agarrada del gollete.
Los primeros tragos de vodka junto al mar son algo más que el inicio de la parranda. El doctor, hombre sabio, dice al grupo de marinos en tierra:
___El vodka inhibe la liberación de ácido clorhídrico, lo que es bueno para el estómago por las mañanas, combate la gastritis.
Algún lépero del grupo dirá por lo bajo, ese médico no cura ni una cruda, pero habla bonito. Ya la mañana es un montón de pájaros marinos en la playa, el grito de las regatonas y el hervor del caldo de pescado de los restaurantes. El sol levanta y aboyan de la noche anterior los turistas en la playa, con la marca en la cara del no lo vuelvo a hacer.
Esos rostros resultan ajenos para los hombres del mar, los que despiertan antes del sol para atreverse por los meandros del puerto, de la playa y de los cerros en busca de un trago de alcohol que apague la sed que dejó el día anterior. Los hombres del mar frente a la resaca de todos los días.
El doctor Petrolowski conversa con el capitán Garibo sobre las andanzas del marino. De cómo se enamoró un día en Curazao. El escenario donde conversan los dos hombres es otro, ahora es una bahía pequeña y son atendidos por una joven costeña, reina de belleza sin igual.
El tiempo se va rápidamente con los tragos de alcohol, pasa entre los dedos temblorosos, atraviesa cuerpos, recuerdos y suspiros. Las horas pasan junto a una pequeña bahía, en Puerto Escondido.
En el mediodía junto al mar, después de muchos días de navegar en las aguas turbulentas del trago, aparecen las alucinaciones. Entre los turistas que se queman la panza al sol aparece la imagen del poeta, un hombre que anda con la camisa de fuera de los pantalones, cabellos largos y cara de chamaco inocente.
Para esa hora de la aventura Garibo duerme, navega en los mares apacibles de la hamaca. Alguna negra le hará piojito en sus cabellos ensortijados, alguna gringa preparará su comida. Una japonesa compondrá su cama; duerme el viejo capitán, sueña.
El doctor Petrolowski busca con los ojos al poeta, que está perdido entre los turistas. El sol no permite ver muy lejos, pero el poeta camina hasta la sombra que cuida a los bebedores, y susurra en el oído del doctor: Granada, canta Granada de Agustín Lara.
___Soñé que vino el poeta dijo el doctor Petrolowski-, andaba ebrio, como siempre y me pidió que cantara Granada, de Agustín Lara.
___¡Qué bien andaba! respondió el capitán Garibo.
Los dos hombres arrastran los pies por un camino de polvo. El sol cae en la tarde y a lo lejos se escucha el golpear de las olas sobre la arena del mar.
___Andaba perdido insistió el doctor -, parecía astronauta en medio de tanta gente sobre la playa.
___¡Qué bien andaba! , insistió el capitán Garibo.
Foto:Ambientación