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Foto: Cortesía

El ánimo del desencanto

Rafael G Vargas Pasaye
 
| 12 de Enero de 2018 | 17:38
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CIUDAD DE MÉXICO, 12 de enero de 2018.- Es de reconocer que existe un desencanto en una buena parte de la población mexicana. En algunos ámbitos se puede incluso contagiar, pero para nada se llega al catastrofismo. Como también hay quienes disfrutan el paisaje y el camino, y no por eso el brillo radiante de su optimismo nubla la visión general.

En qué estado de ánimo se encuentra México en estos días, en un año electoral, donde el discurso parece acercarse a una encrucijada entre la continuidad y la ruptura de algo diferente (aunque sea de palabra), pero sobre todo ¿a quién le conviene que exista ese ánimo de desencanto?

José Woldenberg en su más reciente obra “Cartas a una joven desencantada con la democracia”, comenta: “Sólo un auténtico contexto de exigencia logra incrementar de manera sustantiva la calidad de la política y la responsabilidad de los políticos”. Pero qué reto mayor debe presentarse en nuestro país con los índices de violencia e inseguridad que pegan directo en la población.

O con el alza en los precios que hacen mella en los bolsillos de la población y que gobiernos municipales, estatales y federal no incrementan en la lógica de Woldemberg su responsabilidad. Pocos esfuerzos logran resaltan en la marea de noticias de entretenimiento que ganan por encima de las que tienen contenido.

Roban atención el cambio de partido de un Senador que le gusta la música clásica tanto como discutir en las redes sociales, y la postulación de un stripper a una diputación federal, por encima de la situación financiera que atraviesan varias instituciones de educación superior en el país. Con pocos méritos, por no decir que ninguno en el ámbito político interno partidista en el caso del segundo y por no conseguir su objetivo en la candidatura del gobierno de su entidad en el caso del primero, ahora salen a la luz como actores emergentes y roban reflectores.

Se junta en una coyuntura en donde un gobernante reclama al Presidente de la República por un tema administrativo que pasa a ser político y ahora es mediático; el común denominador de todo esto es que se hacen públicos y provocan enojo, ya sea compartido como en el caso del político, o de otra naturaleza por ejemplo con el también actor.

Ese enojo se acrecienta en el mes de enero cuando los gastos son mayores y el dinero no rindió lo suficiente, en el caso de quienes sí les pagaron su salario y su aguinaldo (prestación que para muchos informales o free lancers es sólo de oídas), y que los noticiarios, las redes y los comentarios ocupan buenos espacios con temas de violencia, robos, corrupción.

El enojo social existe en forma de desencanto en el ánimo, pero es el mismo que puede mejorar en el Mundial de Futbol dependiendo los resultados de la selección, o con pequeñas acciones no tan mediáticas pero sí sentidas, en el transporte público, castigando a los corruptos, bajando el precio de gas, y entonces el ánimo social cambiaría, y en ese contexto quien saldría ganando no es quien hoy encabeza las mediciones.

@rvargaspasaye

Fuente:
Sentido Común