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Foto: Ambientación

Gasolinazo dado, ni marcha contra Trump lo quita

Tomás Tenorio Galindo | Otro país
 
| 16 de febrero de 2017 | 20:50
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GUERRERO, 16 de febrero de 2017.- Hasta la tarde de este jueves seguía en duda la aplicación del segundo incremento al precio de los combustibles, previsto originalmente para el día 4 de este mes y postergado por el gobierno federal para el 17.

La última noticia al respecto es que la Secretaría de Hacienda analiza la posibilidad de suspenderlo y “congelar” los precios de la gasolina y del diesel vigentes desde el primero de enero, cuando fue descargado el primer gasolinazo de 24 por ciento, que desató en todo el país una intensa ola de inconformidad social.

Ese aplazamiento, anunciado el 3 de febrero, no fue por las protestas ni por la pura y desinteresada generosidad del gobierno, sino que procedió de un cálculo político y del evidente propósito de frenar la drástica caída de la imagen del presidente Enrique Peña Nieto, que después del gasolinazo apareció en las encuestas con una desaprobación de 86 por ciento, lo que significa que hace un mes lo desaprobaba casi nueve de cada diez ciudadanos.

La crisis en las relaciones de México con el nuevo gobierno de Estados Unidos y la ofensiva personal del presidente Donald Trump contra los mexicanos, que sorprendió a Peña Nieto en plena debilidad interna, explica el hecho de que las autoridades hayan optado por declarar una tregua en el frente doméstico y trasladar a este viernes la decisión sobre la segunda alza en el precio de las gasolinas.

El gobierno parece haber tenido en cuenta también la convocatoria para la llamada “marcha de la unidad” del 12 de febrero, lanzada el 29 de enero con el eslogan “Vibra México” como una respuesta de la sociedad mexicana frente a la hostilidad de Trump.

Es muy posible que Peña Nieto haya creído que esa movilización podía ser capitalizada o de plano ser convertida en una manifestación de apoyo a su gobierno, objetivo en pos del cual fue organizada por personalidades oficialistas una segunda marcha (y no es que algunos de los convocantes de la primera no lo fueran también).

Habría sido inconveniente y contraproducente que ambas marchas contra Trump se realizaran en un clima de malestar social por el segundo gasolinazo, y seguramente el gobierno temió que la manifestación terminara por ser una protesta contra Peña Nieto, en esas circunstancias una posibilidad ciertamente fundada.

Ese contexto antecede a la decisión oficial sobre el segundo gasolinazo, materia en la cual, sin embargo, nada ha cambiado en lo que al gobierno concierne por la sencilla razón de que no existe la menor intención de atender el reclamo de dar marcha atrás al elevado incremento de enero.

Por ello, aun si se cancelara o se postergara nuevamente el segundo aumento, y aun si se suavizara de alguna forma la próxima liberación total de los precios de los combustibles, el golpe a la economía de las familias mexicanas ya está dado.

“Estamos todavía revisando”, dijo el miércoles el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, en referencia a los precios internacionales del petróleo y de las gasolinas, lo que el diario El Universal interpretó como la posibilidad de que el incremento sea cancelado o aplazado otra vez y los precios actuales sean “congelados”.

Sin embargo, no hay a la vista elementos técnicos que sugieran un cambio en las disposiciones que empezaron a ser aplicadas el primero de enero, excepto las condiciones políticas, la caída de la imagen presidencial y la crisis México-Estados Unidos.

Como en el caso del aplazamiento de hace quince días, si el gobierno decide no aplicar el segundo incremento, será por esto último, criterio que chocará con las explicaciones ofrecidas en enero sobre los motivos del gasolinazo.

Si se recuerda, el mes pasado el secretario de Hacienda y el presidente Peña Nieto presentaron las alzas como inevitables e inaplazables, y las atribuyeron al mercado internacional de los combustibles y a la irresponsabilidad del gobierno anterior por mantener el subsidio a la gasolina.

Negaron lo evidente, que el aumento en realidad fue un impuesto encubierto y que el objetivo de las autoridades es recaudar más dinero vía el Impuesto Especial sobre Productos y Servicios y el IVA.

José Antonio Meade reconoció entonces que el 36 por ciento del precio de la gasolina corresponde a esos impuestos, porcentaje que es el doble del impuesto que el gobierno de Estados Unidos aplica a la gasolina, de sólo 19 por ciento.

En medio de las protestas, Peña Nieto hizo por televisión una pregunta que no encontró eco en la sociedad: “¿qué hubieran hecho ustedes?”

Pero el problema no era solamente el incremento, sino el engaño con el que procedió el gobierno en este caso, después de que el propio presidente prometió que con la reforma energética ya no habría más gasolinazos.

Finalmente, pues, en busca de oxígeno político y algo de la imagen perdida del presidente, es muy probable que este viernes el gobierno aplace otra vez o de plano cancele el segundo gasolinazo.

Lo que hace mes y medio se presentó como algo imposible, hoy será posible. Así es la política.

Ríos Piter, el mismo de siempre

Durante diez años Armando Ríos Piter lucró con su inexistente militancia en el PRD, partido al que le sacó empleo, una diputación federal y una senaduría.

Hoy renuncia a ese partido con el increíble argumento de que los partidos políticos son “comerciantes del dinero público”.

Amigo de los priístas en el poder, como Luis Videgaray y Arturo Nuño, bajo cuyo padrinazgo votó en el Senado por las reformas de Peña Nieto –incluido el incremento en la gasolina–, anuncia que a partir de ahora luchará contra “el sistema”.

Lo que no dice es que en realidad se va del PRD porque ya no podría sacarle nada a este agonizante partido.

Es otra historia de la fauna que huye del barco que se hunde.

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