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OAXACA, Oax. 2 de noviembre de 2026.- El arzobispo de Antequera Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos, llamó a los fieles católicos a mantener viva la memoria de sus seres queridos fallecidos mediante el amor y la oración, al recordar que la fe cristiana sostiene la esperanza en la vida eterna y la resurrección.
Durante su homilía con motivo de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, el prelado explicó que la muerte representa el final de la existencia terrenal, pero no el término de la vida, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia católica.
“Creo en la vida eterna y creo en la resurrección de los muertos”, expresó al iniciar su reflexión sobre el sentido espiritual de esta celebración.
Monseñor Vázquez Villalobos invitó a los asistentes a pensar en la manera en que recuerdan a sus familiares fallecidos, cuyas imágenes permanecen asociadas a los momentos compartidos en vida.
Señaló que, al evocar a los padres, abuelos, hermanos o amigos que han partido, las personas suelen recordarlos en sus hogares, conversando o realizando las actividades que acostumbraban.
“Los sentimos vivos y ¿por qué los sentimos vivos? Porque ellos están vivos, sólo dejaron este mundo e ir a la vida eterna”, expresó, al referirse a la esperanza cristiana de una existencia junto a Dios.
En este contexto, aclaró que la permanencia de los difuntos en la memoria y en los sueños de sus familiares no debe interpretarse necesariamente como una manifestación física de quienes han fallecido.
“Los muertos no vienen, los muertos no se aparecen”, afirmó, al explicar que los sueños relacionados con seres queridos responden a los recuerdos y sentimientos que permanecen en quienes los amaron.
El arzobispo pidió a los fieles no angustiarse cuando sueñan frecuentemente con familiares fallecidos ni considerar que esto significa que sus seres queridos no descansan en paz.
“El soñar no es porque vengan los muertos, es porque los tenemos en nuestra mente y corazón”, puntualizó.
Su reflexión se centró en distinguir el recuerdo y los vínculos afectivos de la creencia en apariciones, sin apartarse de la doctrina católica sobre la vida después de la muerte.
El religioso reiteró que la Iglesia sostiene la esperanza en la resurrección y en la vida eterna, por lo que invitó a los creyentes a vivir conforme a las enseñanzas de Jesucristo y a practicar el amor al prójimo.
También destacó que la oración por los difuntos constituye una expresión comunitaria de fe y no debe limitarse a una sola persona o familia.
Explicó que la celebración eucarística reúne las intenciones de toda la comunidad, tanto por quienes continúan con vida como por quienes han fallecido, sin distinción alguna.
“Tenemos que aprender a que esta oración es comunitaria, no es individual”, señaló, al recordar que la Iglesia mantiene presentes a los difuntos en sus celebraciones y pide por ellos misericordia y perdón.
El arzobispo insistió en que las buenas obras y el amor hacia los demás forman parte del camino espiritual de los creyentes, quienes, de acuerdo con la fe católica, están llamados a participar de la vida eterna.
“Vamos a resucitar, eso no se le debe olvidar”, expresó al reafirmar una de las enseñanzas centrales del cristianismo.
En la parte final de su mensaje, invitó a conservar el amor hacia quienes han partido, sin que la ausencia física impida mantenerlos presentes en los pensamientos y sentimientos.
“Todos esos seres que nos han amado no han dejado de amarnos”, manifestó.
La homilía concluyó con una exhortación a fortalecer el amor entre las personas y a confiar en la intercesión de la Virgen María durante la vida y en el momento de la muerte.