CIUDAD DE MÉXICO, 1 de abril de 2020.- Una de las características de Marcelo Ebrard es su profundo, inmenso sentido de la Historia.  De lo que ha sucedido, de lo que habrá de suceder. Y, obvio, de su responsabilidad.  Nunca ha dado un paso, por redituable políticamente que fuese, en contra de esto. 

De la impecabilidad del espejo que trasciende lo inmediato.  Por eso, tomó el micrófono la noche del lunes 30 de marzo de 2020 para comprometerse en contra de un Estado de Sitio, de medidas extremas de seguridad, de pronunciamientos contra las libertades.

Insistió, en México no creemos en el Estado de Excepción.

Y frenó las manipulaciones.  Esas expresiones que llevan escritas los “periodistas” que asisten a las conferencias de prensa sobre el Coronavirus.

¿Por qué tantos provocan, buscan que el Presidente dicte medidas de uso de fuerza, declare un Estado de Excepción?  La respuesta es obvia.

Lo que se estableció, en voz de Marcelo Ebrard porque le correspondía hacerlo, fue un estado de emergencia nacional.  Lo que da inicio a mecanismos de apoyo social urgentes, incluso a presupuestos.

Se pidió, así, petición que permanezcamos en nuestras casas.  Y Ebrard nos proporcionó un símil con gran traducción, es como después del terremoto.

Permanecer en nuestras casas es tremendo, complicado, limitativo. Pero, es también una forma, la mejor, de evitar un número mayor de muertes.  Y de ir escalonando la ocupación de camas de terapia intensiva.  En México hacen falta más de 7 mil médicos, y el número de hospitales no alcanza para una Pandemia.

Hasta la fecha llevamos, relativamente, pocos casos de contagio y menos decesos. En Estados Unidos, con tanta riqueza, con tantos recursos, estas cifras se han multiplicado.  Y el Presidente Trump ha declarado que 100 mil muertos sería un número aceptable, un éxito.

Esto es lo que no quiere el gobierno federal. Para nosotros, para nuestro país, no hay número de muertos aceptable. Y lo único que puede hacerse contra la peste del Coronavirus es, hoy por hoy, evitar el contagio.

Junto a Marcelo Ebrard, el doctor Hugo López-Gatell insistía en que debemos quedarnos en casa.  Muchos ya permanecen en esta cuarentena voluntaria, otros parecen vivir ajenos a la realidad mundial.  Cerrar todo lo que no sea esencial, es lo más complicado que hemos vivido. Dejar de trabajar con goce de sueldo es una buena frase que costará mucho llevarla a la realidad.  Y quienes no tienen patrón, quienes viven día a día, confrontan una tragedia.  El reto es inmenso.  Para todos.  Se trata de que todos lo entendamos.

Las caras, cansadas, severas, preocupadas de Ebrard, del General Secretario, del Almirante Secretario y del subsecretario que ha estado dando cara a la crisis, definen el tamaño del problema, del gran atascadero en que estamos.

La urgencia hoy es entender lo que vivimos.

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